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    Homilía de Monseñor José Vicente Nácher para la Misa vespertina de la Cena del Señor
    30 de marzo de 2026 por
    Hacedlo
    Digital

    “Haced esto en memoria mía” dice Jesús tomando en sus manos el pan y el vino e instituyendo la eucaristía como sacramento de su cuerpo y su sangre, en los que se actualiza su entrega y se sella la nueva y eterna alianza de salvación.

    Él lo ha hecho primero, ahora le toca a la Iglesia hacerlo, pero no como repetición de lo mismo, sino como obediencia al mandato recibido, como hemos escuchado en la segunda lectura.

    Y en el Evangelio de San Juan también Jesús pide “haced esto”, pero en este caso lo que pide es que también nosotros, como Él, lavemos los pies a nuestros hermanos, en actitud humilde y servicial. De hecho, la liturgia nos presenta este evangelio del lavatorio de los pies justo en la Misa de la Cena del Señor, haciendo patente la cercanía y mutua implicación de uno y otro mandato. Conmemorar la institución eucarística y servir a los hermanos son dos cosas que hay que hacer, una no suple a la otra, sino que se requieren mutuamente.

    En ambos casos, la solicitud de “haced esto”, es una consecuencia de lo que el propio Señor ha hecho. Podemos decir, que quien sigue sirviendo a los pobres cuando nosotros los servimos, es Cristo en nosotros. Y al hacerlo estamos haciendo el gesto cristiano por excelencia, porque el primero en servir fue Cristo.

    Así mismo, al realizar la fracción del pan, y con ello hacer lo que Cristo instituyó primero, es Él el que hace fiesta con nosotros.

    Y al mismo tiempo, así como al celebrar la Santa Misa encontramos a Jesús, también al hacer el bien a los demás con amor, encontramos a Jesús. En otras palabras, Jesús nos lleva a Jesús.

    Estamos pues, no ante dos caminos paralelos, sino ante un único camino, el de Cristo, que tiene dos carriles inseparables.

    El Domingo de Ramos se nos invitaba a estar preparados, para que estos días santos no caigamos ni en la rutina ni la superficialidad. Que cada vez que celebramos la Santa Misa y cada vez que vamos a asistir a un necesitado, también nos preparemos, con una actitud humilde y sencilla, porque en ambos casos se va a producir un encuentro maravilloso con Jesucristo.

    Acerquémonos al Misterio de Cristo:  hoy en el altar, mañana viernes en la santa cruz, el sábado el silencio junto a la tumba y el domingo en el encuentro con el resucitado. Hacedlo conforme os mando, y me encontrareis, dice Jesús.

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