Nosotros creemos en la honestidad ¿Y usted?
Desayuno Cuaresmal 2026
La honestidad no es solo un valor personal es un acto de amor al prójimo. Para profundizar en este tema, compartimos el mensaje de nuestro Pastor. Monseñor José Vicente Nácher siempre nos invita a vivir el Evangelio desde la coherencia. Por su importancia, compartimos íntegramente sus palabras en el Desayuno Cuaresmal 2026.
Honestidad
El título de esta reflexión – exhortación es “nosotros creemos en la honestidad, ¿Y usted?”. Y me imagino que la mayoría suscribiría también esta afirmación. Parece evidente, pero conviene repetir lo bueno, hasta hacerlo creíble.
Nosotros no nos vamos a cansar de buscar lo bueno para Honduras, ¿Y usted? ¿Creemos y practicamos la honestidad? Y aquí el primer gran cuestionamiento serio: si la mayoría decimos que creemos en la virtud de la honestidad, es decir en la disposición permanente y firme de actuar de manera honesta y veraz... ¿Por qué en cambio hay tantos hechos deshonestos?
Una respuesta rápida dirá que hay actos deshonestos porque hay personas deshonestas. Y así es. La corrupción, el soborno, el despilfarro, la estafa, el hurto… no tienen vida por sí mismos. Son acciones realizadas por personas, y normalmente por más de una a la vez, es decir, fruto de una asociación perversa. La corrupción y la honestidad son conceptos teóricos que definen los actos perversos u honrosos que realizan personas. La honestidad se realiza (o no) en las acciones de la gente.
Definiendo términos
Definición, honestidad es coherencia entre lo que se dice, se piensa y se hace, y tiene que ver con honradez y honorabilidad. Son virtudes inseparables, que se sostienen entre sí. Aunque preferimos usar los términos positivos, la deshonestidad, la falsedad y el engaño, marcan la ruta que hay que recorrer juntos. Y en definitiva cualquier forma de ese hábito tan dañino, le llamamos corrupción. En el Catecismo de la Iglesia, se define la honestidad como defender lo verdadero y vivir con integridad. Es la virtud que lleva a la persona a no engañar, a decir la verdad y a actuar con transparencia y rectitud.
La honestidad respeta la dignidad de las personas, evitando manipulaciones y guardando la confidencialidad cuando sea necesario. ¿Se imaginan que la gran mayoría se desempeñe así? Ya ven que el Catecismo de la Iglesia, con su doctrina, es un libro muy útil. Sirve para vivir mejor.
Con la H de Honduras.
Honestidad, honradez, honorabilidad… todas llevan la misma H de Honduras. Nuestra patria necesita estas “haches” silenciosas pero valientes. Debemos ser identificados en poco tiempo por la H de “Honrar”, que significa respetar a los demás, en su imagen, en sus bienes, en su dignidad. La persona honesta rechaza cualquier forma de engaño, fraude o injusticia. Coherencia. No solo creemos en ella, sino que nos esforzamos por actuar con honestidad. ¿Hago lo que creo? no siempre. ¿Creo lo que hago? sí, al repetir un acto, acabo creyendo en lo que hago. Así una acción recta, consciente y consistente, me hace pensar cada vez con más claridad en el valor de la rectitud. Y al revés, hasta el que fue más correcto, si empieza a desviarse, pronto cree que su acción deshonesta es normal, poco dañina, hasta buena. Los corruptos se acostumbran a su mala práctica de manera rápida. Tengamos cuidado: el pecador tarda tiempo en llegar a la santidad, pero el santo puede caer en un solo momento.
Resistir la tentación
Tendemos a pensar que lo que nos supone “algún beneficio” es bueno moralmente, sin más. Algo erróneo, pero en lo que es fácil caer. Por ello me atrevo a decir a los políticos y gestores: tengan mucho cuidado, recen mucho, y hagan con frecuencia examen de conciencia. Un criterio de acción: ¿Esto que voy a hacer, agrada a Dios? (Dios lo ve todo, no lo duden.) Pero también les digo, si usted aguanta las primeras tentaciones, éstas van a disminuir. Sean fuertes e inteligentes, no cedan a la tentación del dinero o la vanagloria. Si saben que usted es honrado los pícaros le criticarán, pero le respetarán. En definitiva, ser honesto es inherente a los seguidores de Jesucristo, el Santo por excelencia. Recordemos la ley de Dios. En concreto el Séptimo Mandamiento: “no robarás” y el Octavo Mandamiento: "No darás falso testimonio ni mentirás". Los mandamientos, como sabemos, marcan de forma clara los límites por los que la persona (y la sociedad) que busca a Dios debe transitar. Límites que al mismo tiempo expresan un mínimo de respeto para la convivencia humana. Honradez y honestidad son una exigencia divina para nosotros creyentes.
Nuestros próceres
Que la mayoría de ellos eran católicos, aunque no todos de la misma manera. Hoy citamos especialmente a José Cecilio del Valle, conocido por su honestidad e integridad inquebrantable, tanto en su vida pública como privada. El prócer nacido en Choluteca se ganó el respeto de sus contemporáneos y el de generaciones futuras. José Cecilio del Valle consideraba la honestidad el cimiento para la construcción de una sociedad justa y próspera. Y para ello, decía, harían falta funcionarios honestos y responsables. Esto, como saben, se puso a prueba en su firme y recta posición durante el proceso de independencia. Y sin duda tenemos en nuestra historia otros muchos testimonios inspiradores como, por ejemplo, y por citar solo algunos, los recordados: José Trinidad Reyes, Cabañas, Ramón Rosa, Froylan Turcios, Visitación Padilla, Ciriaco Torres, Vicente Mejía Colindres, Juan Lindo, Dionicio de Herrera… entre otros muchos. El buen ejemplo de estos personajes valga también para decir que la honestidad, no es patrimonio exclusivo de nadie sino compromiso compartido y perenne de todos.
Estar despiertos
Cuidado con los lobos revestidos con piel de oveja ¿Cuántas personas honestas hay? o, mejor dicho, ¿cuántas personas que sinceramente quieren ser honestas? Seguramente muchas, pero no todas. Siempre hay lobos encubiertos. Es difícil evitar que entren a las instituciones, a las asociaciones o a las empresas. Por ello la consecución del bien implica también la erradicación del mal. Algo de eso significan los numerosos exorcismos que Jesús realizó en su vida pública. Sin medias tintas. Con el mal no se negocia. Con los pícaros no se transige. El mejor bien que se puede hacer a un corrupto es sacarlo de donde está, para que se arrepienta del mal realizado, se convierta y salve su alma. La lucha contra la corrupción es un acto de bondad para con los mismos corruptos, ya que los hace ver su pecado. Y no es bueno que nadie viva en pecado. Ya ven que política y bien de las almas no están tan lejos.
Coherencia de vida
No solo evitar la mentira, sino también actuar con justicia, integridad y verdad en todas las áreas de la vida. No se es honesto en la dimensión pública, si en la privada no se es también. Y viceversa. El ser humano es uno, y si en un lado falla, es que algo está mal por dentro. “Si eres honesto no tienes futuro en este mundo”. Ésta o similares afirmaciones se escuchan con frecuencia. La decencia y la verdad parece virtudes trasnochadas o tan idealizadas que no se las valora. Como si la honestidad fuera cosa de otros, o fuera un lacito bonito que se añade externamente a un regalo, sin formar parte de él. En parte es culpa nuestra y en parte del pensamiento global en el que se prioriza el tener, el ostentar, el ganar. Paradigmas muy difundidos, pero no vienen de Jesucristo. Aquí estamos nosotros (ustedes y yo), para decir que sí es posible vivir con honestidad.
Justo juicio
Cuidado con estigmatizar, ojo con indultar. Aceptemos que tendemos a estigmatizar a determinados grupos o personas de ser corruptos. Normalmente lo hacemos respecto a los otros, condenando rápidamente. Pero también lo contrario, cuando alguien nos es conocido y lo apreciamos tendemos a no ver lo que es evidente. Hemos de reconocer nuestro pecado: tendemos a pensar que si una persona tiene dinero es admirable, y si es pobre, es desconfiable. Y cuántas veces hemos comprobado justo lo contrario. A mí me ha tocado escuchar, en varios sitios, comentarios benévolos respecto a grandes pícaros, ¿por qué? Simplemente porque visten bien, andan buen carro y viven en una residencial exclusiva. O también esa otra frase tan engañosa y falsa: “no robará porque ya tiene dinero”. Pues sí, también los ricos roban, no siempre, no todos, pero también. El que se apropia de lo que no es suyo es un ladrón (o ladrona), y no le demos vueltas.
Merece la pena
Frutos de la honestidad. Honestidad ofrece como frutos: colaboración, confianza, justicia (por citar solo algunos). Y estos frutos de la honestidad son los que más contribuyen al progreso equitativo de las naciones. Así que erradiquemos de nuestras conversaciones esa equivocada frase: “el narcotráfico mueve la economía”. Eso es mentira, no mueve la economía real, sino la criminal; la que promueve bienestar de pocos y la inseguridad de muchos. Vale la pena decir que la inequidad es un signo de que varias cosas no están bien. El desarrollo económico no se debe valorar por datos fríos que solo favorecen a unos pocos. Sino por la constatación “a ras de calle” de que beneficia a una gran mayoría. Son importantes la creatividad, capacidad, perseverancia… pero nada se alcanza sin honestidad.
¿Es posible ser honesto?
Sí, si es posible. Eso sí, honestidad va unido a coherencia y valentía. No tiene nada que ver con mediocridad o permisividad. La honestidad es para hombres y mujeres valientes. Se realiza con la rectitud y perseverancia. Sin ceder ni en lo pequeño ni en lo grande, tampoco en lo mediano. Alguno estará pensando ahorita: “el padre habla bonito, pero es poco realista”. Realismo es conocer la realidad y transformarla. Aceptar que las cosas malas no se pueden cambiar se le llama complicidad y cobardía. Claro que se puede ser honesto. Sería como decir que Dios nos pide algo que es imposible o que no es bueno. Si Dios pide honestidad es porque habita en ser el humano que Él creo, desde el origen.
Frente a la cultura de la corrupción, creemos la cultura de la honestidad. Sobre ella irán creciendo nuevas y hermosas oportunidades de una Honduras nueva.
Conclusión
Qué gozo da saber que se está haciendo lo que se debe y estar luchando por lo que se cree. Así es como construimos una Honduras conforme a lo que deseamos para nosotros y las siguientes generaciones. El cambio verdadero es posible, porque el cambio depende de cada uno de nosotros. Si nosotros somos nuevos, nuestra sociedad es nueva. No nos cansemos de repetir, Nosotros creemos en la honestidad, la practicamos y la difundimos, ¿Y usted?