Comenzamos hoy la Semana Santa (2026) con la celebración del Domingo de Ramos en la Pasión del Señor el gran portal con el que se conmemora la entrada de Jesús en Jerusalén. Litúrgicamente se hace el camino a la inversa: empezando la ceremonia fuera del Templo, con la bendición de las palmas y la proclamación del Evangelio según san Mateo 21,1-11, en el que sé relata la entrada triunfal de Jesús en Jerusalén montado en un burrito, aclamado de manera jubilosa por el pueblo como el Mesías, cumpliendo las profecías y nos vamos sumergiendo poco a poco en el silencio contemplativo del acontecimiento de la Cruz, de donde surge verdaderamente el canto pascual de la victoria.
Una maravillosa síntesis de alegría y duelo, de amor y de rechazo, de vivas y de silencio, de palmas de victoria, de cruz de humillación y gozo de resurrección, nos convoca en este día y nos sitúa correctamente de cara a la fuente de nuestra salvación.
La procesión de ramos es, entonces un gesto por medio del cual, quienes lo realizan, expresan su decisión de iniciar un camino que implicara tomar decisiones de vida, con ella, se nos invita a imitar a los que salían a su encuentro. No para alfombrarle el camino con ramas de palma, sino para poner bajo sus pies nuestras propias vidas, con un espíritu humillado al máximo, con un propósito y una mente sincera, para que podamos así recibir la Palabra que viene a nosotros y dar cabida a Dios, como una fuerza divina que avanza de manera que nadie puede contener.
Por tanto, comenzar la Semana Santa recordando este evento, Jesús demuestra un modo distinto de actuar, un modo que nos puede enseñar a nosotros a vivir, en todos los lugares a los que entramos en nuestra existencia terrenal. La vida es para vivirla, y vivirla bien, y eso tenemos que hacerlo de la manera en que Dios nos enseña.
Recordemos que para Jesús era un momento crucial porque aquí en esta entrada decide a qué y para qué va a entrar a la ciudad de Jerusalén. Y no va a ser para entregarse a la tentación de los aplausos, ni de los triunfalismos, ni de la fama, el poder o el dinero, sino para encarnar nuestra pequeñez y nuestra fragilidad, nuestra miseria humana y nuestra vulnerabilidad, dignificando así nuestras historias.
Jesús quiere también entrar hoy triunfante en la vida de los hombres sobre una cabalgadura humilde: quiere que demos testimonio de Él, en la sencillez de nuestro trabajo bien hecho, con nuestra alegría, con nuestra serenidad, con nuestra sincera preocupación por los demás. Quiere hacerse presente entre nosotros a través de las circunstancias del vivir humano. Es probable que para muchos la escena, que nos narra san Mateo no tenga una finalidad en sí misma, pero adquiere relevancia con el conjunto de eventos que vienen enseguida y que culminan con la muerte y resurrección de Jesús En estos tiempos de guerras y violencia, vale la pena apostar al ejemplo de Jesús, que nos mostró una forma diferente de vivir en este mundo.