A 10 años de la publicación de la Exhortación Apostólica Postsinodal Amoris Laetitia (AL) del papa Francisco sobre “el amor en la Familia” (2016) se considera un texto que transformó la Pastoral Familiar pasando de un enfoque puramente doctrinal a uno de acompañamiento, de acogida, de discernimiento e integración de la fragilidad familiar, en lugar de juzgar, especialmente en familias alejadas de la Iglesia por el divorcio, la violencia etc.
Centrada en la "alegría del amor" y la misericordia, la exhortación impulsa una pastoral cercana a situaciones complejas, matrimonios jóvenes y la espiritualidad conyugal, convirtiéndose en un punto de inflexión dentro de la conceptualización de las responsabilidades de la Pastoral Familiar produciendo un cambio en su paradigma. Superando enfoques rígidos la Iglesia busca redefinir el papel de la Iglesia en la familia moderna, promoviendo una mirada que abraza la esperanza y la realidad de cada hogar.
La exhortación subraya la importancia de preparar a los novios para el matrimonio, acompañar los primeros años de casados y apoyar en momentos de crisis; promover una educación afectiva /sexual enfatizando la necesidad de una educación sexual positiva y prudente para jóvenes, enfocada en el amor y la verdad de sí mismos.
Amoris Laetitia no es una improvisación, sino el fruto maduro de un proceso sinodal de dos años (2014-2015) y una profunda reflexión sobre los desafíos de la familia contemporánea. Esta exhortación subraya la alegría del amor, la pastoral de la acogida, sin cambiar la doctrina, pero sí el enfoque pastoral sobre la importancia del matrimonio y la familia, profundizando con libertad algunas cuestiones doctrinales, morales, espirituales y pastorales.
Para llevar a cabo esta renovación pastoral de la familia, el principio básico comienza por hacer a las familias protagonistas y no solo receptoras de una acción formativa, de una acción pastoral o sacramental, enfatizando que la familia debe ser vista como un lugar donde se vive la fe y el amor de Dios, incluso con sus imperfecciones y la Iglesia como una madre, no permanece ciega ante los enormes y constantes cambios ni se resigna a ellos.
De ahí, que se nos insista que ha de ser reconocida como “sujeto de la acción pastoral mediante el anuncio explícito del Evangelio y el legado de múltiples formas de testimonio, entre las cuales: la solidaridad con los pobres, la custodia de la creación, la solidaridad moral y material hacia las otras familias, sobre todo hacia las más necesitadas, el compromiso con la promoción del bien común, practicando las obras de misericordia corporal y espiritual”(AL 290) pasando de lo abstracto a lo concreto; porque no nos podemos resignar a ser simples espectadores ante la actual situación en que se encuentran las familia.
Se nos llama a “liberar en nosotros las energías de la esperanza traduciéndolas en sueños proféticos, acciones transformadoras e imaginación de la caridad” (AL 57). Para eso se han creado múltiples herramientas, incluyendo los "10 videos Amoris Laetitia" y subsidios específicos, para aplicar el documento en parroquias y diócesis. En el año de la Santa Misión (2026) los hondureños estamos llamados y obligados a llevar la buena nueva a tantas familias que viven a nuestro alrededor sin alegría, sin esperanza, sin amor.