Originario de Tegucigalpa, proviene de una familia muy numerosa, es el último de nueve hermanos, siete varones y dos mujeres. De padres muy católicos que inculcaron a sus hijos el amor a Dios, tiene una hermana que pertenece a la Congregación Inmaculada Concepcion.
Nos referimos a Fray Arturo Trinidad Espinal, conocido como Fray “Trino” quien suele acompañar su día a día con un buen café. Ha estado en varios países y en varios lugares de Honduras, cada una de las experiencias de misión han servido para fortalecer su ministerio. Actualmente es párroco de la Inmaculada Concepción de Comayagüela, una parroquia de tradición franciscana donde los frailes continúan realizando una labor loable en torno a la santa misión y a la construcción del reino.
Valores
Recuerda que su papá era quien los llevaba a Misa “Él trabajaba en la construcción de carreteras, regresaba a casa el sábado al mediodía, y en la noche todos íbamos a Misa”. Era tan grande la devoción que la madre de fray tenía hacia la Virgen de Suyapa, que logró que se trasladaran a vivir a esa zona.
De pequeño quería ser ingeniero, porque su familia siempre se dedicó a la construcción de puentes y carreteras, aunque también le llamaba la atención la carrera de medicina, pero lo que menos imaginó, es que el Señor lo iba a llamar para la vida religiosa. Ante la necesidad de ayudar en la economía del hogar tuvo que combinar el estudio con el trabajo. Sus experiencias laborales fueron en la parte de construcción, contabilidad y hasta en un canal de televisión.
Vocación
En su infancia fue monaguillo, su adolescencia la vivió como cualquier muchacho de su edad. Un día, por insistencia de su madre, fue a un retiro de la Renovación Carismática, siguió en un grupo juvenil de la Parroquia La Guadalupe, al año, fue sintiendo la necesidad de querer estar más cerca de Dios.
Escuchar un testimonio de otro joven que salió en un programa de televisión, lo motivó a realizar su encuentro vocacional, a pesar de que tenía dudas, decidió iniciar su proceso con los frailes, ya que su hermana Liliana era religiosa franciscana. En ese entonces tenía novia y una beca universitaria, pero, el gran arraigo que tenía con su mamá y sus hermanos era lo que más pesaba en ese entonces, porque recuerda como han sido de unidos.
Sin embargo, contó con el apoyo de todos para su camino vocacional. Luego de su postulantado en Comayagua, fue enviado junto a otros 23 jóvenes a Guatemala y después a Nicaragua en tiempo de guerra, continuó su formación hasta ser ordenado. Sus votos solemnes fueron en 1990, y este año cumple su 33 aniversario de ministerio en la orden franciscana.