Las fronteras de Estados Unidos y países con mayor desarrollo se han convertido en muros burocráticos y policiales bajo la premisa de la seguridad nacional, las políticas migratorias de la región sufren un endurecimiento sin precedentes.
Retornos
Detrás de las vallas y los decretos restrictivos no hay números; hay historias conmovedoras de hombres, mujeres y niños que huyen de la miseria y la violencia. En este adverso escenario de blindaje regional, las deportaciones hacia Honduras muestran una cruda realidad: según datos de la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), el retorno de hondureños aumentó un 43.3% entre enero y mayo de este año en comparación con el mismo periodo de 2025, superando los 19,500 retornados.
Ante este panorama, la Iglesia Católica y diversas organizaciones eclesiales hacen un llamado urgente a la sociedad para despojarse de los prejuicios, ver más allá de las cifras y asumir un verdadero compromiso cristiano basado en la hospitalidad y la empatía.
Misión
Para la hermana Valdiza Carvallo, coordinadora Nacional de la Pastoral de Movilidad Humana, es fundamental abordar este fenómeno desde la perspectiva de la fe y la dignidad humana. "Podemos ver desde el punto de vista del propio Jesucristo, que fue inmigrante desde niño, sus padres tuvieron que huir para poder salvaguardar su vida.
Jesús fue un refugiado desde niño", recuerda Carvallo, trazando un paralelismo entre la sagrada familia y quienes hoy escapan de la violencia comunitaria, las amenazas o la pobreza en el país.
La hermana Dina Mendoza, misionera y directora de la Asociación Hermanas Scalabrinianas (AHS), advierte sobre el impacto del endurecimiento de las políticas migratorias en el extranjero, haciendo especial mención a las repercusiones de la cancelación del Estatus de Protección Temporal (TPS). "Con esto estamos hablando de una migración, ahora sí, más masiva de lo que hemos estado recibiendo", señaló.
La Iglesia condena las estructuras que fuerzan el destierro y denuncia el sufrimiento que causan las políticas restrictivas. Y el Santo Padre León XIV ha recordado en reiteradas ocasiones que la dignidad humana no depende de un pasaporte ni termina en una frontera.