“Sí volviera a nacer, escogería esta vocación, me siento realizado al poder cumplir un sueño mío, y que gracias a Dios ha sido su voluntad”. Originario del tradicional Barrio Villa Adela, en Comayagüela, el Diácono Francisco Brahona creció en una familia católica y desde sus primeros años, su entorno familiar se convirtió en el pilar fundamental que no solo respaldó su inquietud espiritual, sino, que le brindó el apoyo incondicional necesario para seguir adelante con sus anhelos.
Sin embargo, el camino hacia el altar no fue directo, antes de entregarse por completo a su vocación, ingresó a la universidad y aunque cursó estudios superiores durante un corto tiempo se sentía inconforme y percibía constantes señales de que Dios lo estaba llamando hacia un rumbo completamente diferente, fue ese discernimiento que lo llevó a dejar las aulas universitarias para responder al llamado que hoy define, su vida.
Admiración
El Diácono Francisco comentó que el Padre Pedro Pablo, quien durante más de diez años estuvo al frente de la Parroquia El Calvario, fue una de las personas que más influyó en su vocación sacerdotal.
Su ejemplo de entrega, fortaleza y testimonio de fe despertaron en él, desde muy joven, el deseo de consagrar su vida al servicio de Dios, incluso, a sus 85 años, recuerda con admiración la dedicación y el compromiso pastoral con los que ejerció su ministerio. “Puede preguntar por el Padre Pedro Pablo, y todos lo consideran un santo en vida, incluso, en su tiempo, el Cardenal, cuando comenzaba a ser arzobispo, y el Padre Pedro Pablo estaba de párroco, lo llamaba el Evangelio Viviente” expresó.
Llamado
De igual manera, desde niño supo que Dios tenía un propósito para su vida, en el momento que decidió ser monaguillo y deseaba ser él quien diera la Misa. “Desde que yo recuerdo, siempre me gustó y me llamó la atención el servicio en el altar, entonces me motivé a entrar al Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa” manifestó.
Esta etapa de seminarista la evoca como un tiempo hermoso y maravilloso, donde comienza a amar su vocación, enamorarse y cuidarla, anhelar y disfrutar de los sacerdotes que conoció durante su recorrido, declaró, que el contacto con la gente lo llenaba mucho, expresando que ellos eran su escuela.
“Procuremos siempre hacer el bien” es la cita bíblica con la que el Diácono Francisco se ha sentido identificado a lo largo de toda su vida, y que ha procurado convertir en una guía para su ministerio desde sus años de formación en el seminario.
Aunque tiene un carácter inquebrantable, reconoció que también ha enfrentado momentos difíciles, a los que describe como montañas con caminos escabrosos, sin embargo, aseguró que, como cualquier ser humano, ha encontrado fortaleza en la fe y anima a quienes atraviesan pruebas a no perder de vista el horizonte ni la esperanza.