La Arquidiócesis de Tegucigalpa se prepara para celebrar la ordenación de tres diáconos permanentes el próximo 10 de agosto, un acontecimiento que fortalece la vida pastoral de la Iglesia que peregrina en Honduras y ayuda a redescubrir el valor de este ministerio al servicio del pueblo de Dios.
El diaconado permanente es el primer grado del sacramento del Orden, junto con el presbiterado y el episcopado. A diferencia del diácono transitorio, que recibe este ministerio como preparación para el sacerdocio, el diácono permanente permanece en esta condición y entrega su vida al servicio de la Iglesia. Si el candidato es casado en el momento de la ordenación, no puede volver a casarse si envejece o quede viudo. Los ordenados solteros mantienen la obligación del celibato perpetuo.
Ministerio
El Concilio Vaticano II restauró este ministerio en la Iglesia latina, reconociéndolo como una forma propia y estable del ministerio ordenado. La palabra “diácono” procede del término griego diakonia, que significa servicio. Por eso, el diácono está llamado a hacer visible el rostro servicial de Cristo, especialmente en tres ámbitos: la Palabra, la liturgia y la caridad. En comunión con el arzobispo y los sacerdotes, puede proclamar el Evangelio, predicar, bautizar, asistir y bendecir matrimonios, presidir celebraciones de la Palabra y exequias, además de acompañar de manera especial a los pobres, enfermos, familias y comunidades que necesitan apoyo pastoral.
Servicio
El diácono permanente no sustituye al sacerdote ni recibe la facultad de celebrar la Eucaristía o administrar el sacramento de la Reconciliación. Su misión es colaborar con el ministerio episcopal y presbiteral, sirviendo a la comunidad y promoviendo la participación de todos los fieles en la misión evangelizadora.
La ordenación de estos tres nuevos servidores representa un paso significativo para la Arquidiócesis de Tegucigalpa y una invitación a toda la Iglesia que peregrina en Honduras a valorar las vocaciones al servicio, la comunión y la caridad.