En el contexto del Año Jubilar Franciscano, la figura de San Maximiliano María Kolbe vuelve a iluminar una de las dimensiones más importantes de la vida cotidiana: el trabajo.
Historia
Nacido en Polonia el 8 de enero de 1894 con el nombre de Raimundo Kolbe, ingresó muy joven a la Orden Franciscana Conventual y dedicó su vida a la evangelización a través de la prensa, la formación y la misión. Fundó la revista El Caballero de la Inmaculada, impulsó una de las imprentas católicas más grandes de Europa y estableció comunidades misioneras en Polonia y Japón. Su vida estuvo marcada por una profunda devoción a la Eucaristía y a la Virgen María, especialmente bajo la advocación de la Inmaculada Concepción.
Legado
Para el Padre Juan Ángel López, Párroco de la comunidad Sagrado Corazón de Jesús, uno de los aspectos más sobresalientes de San Maximiliano fue precisamente su capacidad de poner todos sus talentos al servicio de la evangelización. “Fundó una revista, creó una imprenta, impulsó una obra extraordinaria y llevó la misión hasta Asia. Todo lo hizo movido por su amor a la Inmaculada y por su deseo de acercar las almas a Cristo”, destacó el sacerdote al recordar la intensa labor apostólica del santo franciscano.
Entrega
Por su parte, el Arzobispo de Tegucigalpa, Monseñor José Vicente Nácher, relacionó esta actitud con la perseverancia cotidiana de tantos hombres y mujeres que, desde sus responsabilidades diarias, construyen el Reino de Dios “En el trabajo de cada día, en la familia, en la tarea comunitaria del barrio y en la participación en la parroquia, participan de la sabiduría de Dios y actúan movidos por esa esperanza interior y fortalecidos por el Señor”, expresó durante la celebración de la fiesta de San Maximiliano Kolbe.