San Juan nació en Montemayor el Nuevo, pequeña ciudad de la diócesis de Evora (Portugal) en el año 1495 en el seno de una familia hondamente cristiana. Sus padres, Andrés Ciudad y Teresa Duarte, lo educaron en el temor de Dios. Sus biógrafos aseguran que hubo presagios maravillosos de lo que había de ser, desde el momento de su nacimiento.
Juan trabaja en las fortificaciones de la ciudad para sostener a aquellos amigos suyos que se encontraban en un duro trance, recogía y llevaba a hombros a los enfermos más repugnantes para cuidarlos en su hospital.
Juan fue siempre muy buen cristiano, muy sencillo, caritativo y devoto de la Virgen María, hay que reconocer que es en esta época de su vida donde se va viendo más claramente que Dios le iba preparando para lo que sería después. Los historiadores hablan de una aparición del Niño Jesús en forma de pequeño mendigo, el cual, como hubiera sido atendido con inmensa caridad por Juan, le dijo que fuera a Granada.
Presintiendo la hora de su muerte, ya en su última enfermedad, pidió que le trajeran el Santísimo. Antes se había confesado con gran fervor. Comulgar no pudo, por no resistir su estómago ningún alimento. Y viendo que se moría, se levantó de la cama, se puso de rodillas y, abrazando un crucifijo, dijo: "Jesús, Jesús, en tus manos me encomiendo". Momentos después, entregaba su alma a Dios, quedando su cadáver de rodillas. Su entierro fue uno de los más solemnes que jamás conociera la ciudad de Granada.
Las virtudes que Juan de Dios practicó durante los trece años que vivió a partir de su conversión son admirables, Dios premió su generosidad con hechos extraordinarios. Entrego su vida a Dios el 8 de marzo de 1550, tenía cincuenta y cinco años. Fue beatificado por el Papa Urbano VIII el 21 de septiembre de 1630 y canonizado por Inocencio XII el 15 de julio de 1691.
Patrono
San Juan de Dios fue proclamado Patrono de los Hospitales y de los Enfermos en 1886. En 1930, Patrón de los Enfermeros y de sus Asociaciones. Además, es Patrón del Cuerpo de Bomberos por su actuación durante la extinción de un incendio declarado en el Hospital Real de Granada, del que consiguió sacar ilesos a cuantos enfermos se encontraban en su interior.
Proyección
El fundador de la Orden Hospitalaria de San Juan de Dios fue un innovador en su tiempo, a nivel asistencial pero también a nivel de organización: separando a los enfermos por dolencias y atendiéndoles de manera integral y con una visión humanizada de los cuidados, centrando sus acciones con una visión integral sin olvidar que tras la enfermedad hay una persona.
Entrega
San Juan de Dios fue un santo extraordinario completamente enloquecido por Dios y soñando servirle cada vez mejor. Comparable a San Francisco de Asís por su sencillez, pobreza, humildad y también por su encendido amor de Dios y del prójimo. Ninguno de los dos fue sacerdote. Y, sin embargo, uno y otro conmovieron profundamente a sus contemporáneos y fueron verdaderos padres de las almas.