El relato de la Pasión según San Mateo inicia con la pregunta por el preparativo de la cena pascual, que para los judíos era en la noche del jueves. Y efectivamente Jesús da las instrucciones para la preparación de la pascua. También nosotros, en este Domingo de Ramos, debemos disponernos de la mejor manera para vivir santamente la pascua.
La Semana Santa no solo es un acto cultural o vacacional, sino un resumen de nuestro seguimiento de Jesús. Es un volver, cada vez con más calado, al origen de nuestra fe. Por ello, como decimos, hoy iniciamos unos días de santificación y alegría. Santidad porque reconocemos que, en medio del pecado, - ¿qué mayor pecado que matar a Jesús? - siempre es posible el amor. De alegría, porque aún en medio del dolor y la pérdida, la fe y la esperanza sostienen nuestro caminar. La promesa de Dios es más fuerte que las amenazas de los perseguidores.
Por ello, nos dice hoy Jesús, “prepárense” a velar, sufrir y morir conmigo. Que la seducción del maligno no los acomode, que el miedo al sufrimiento no los paralice, que la cercanía de la muerte no les haga olvidar la certeza de la resurrección. “Prepárense” nos dice Jesús, a vivir estos días muy cerca de Él, y para ello vivir muy dentro de la Iglesia, en sus celebraciones. Cuanto más dentro de la Iglesia más cerca del corazón herido de Cristo.
Preparémonos para vivir de cerca los misterios que celebramos en esta Semana como lo que son, como una novedad Santa que nos llena de alegría.