En su más reciente emisión, el programa Grito de Profeta, transmitido desde Radio Católica La Voz de Suyapa, reunió a miembros de la Pastoral Vocacional de la Arquidiócesis de Tegucigalpa para reflexionar sobre un tema central para la Iglesia en Honduras: ser discípulos y misioneros en el contexto de la Misión Nacional 2026.
Desde el inicio, los jóvenes seminaristas recordaron que esta misión no es una idea aislada ni una simple estrategia pastoral. Es, ante todo, una respuesta al mandato de Jesús: “Vayan y hagan discípulos”. La Iglesia en Honduras, unida a sus obispos, ha asumido este llamado bajo el lema: “Por una Iglesia sinodal y misionera en Honduras”.
Todos somos enviados
Inspirados en la exhortación Evangelii Gaudium del Papa Francisco, los participantes subrayaron una palabra clave: todos. Por el bautismo, cada católico es discípulo y misionero. No es una tarea reservada a sacerdotes, religiosas o teólogos.
“Bautizados y enviados”, recordaron, citando el espíritu misionero que atraviesa la vida de la Iglesia. La misión no puede reducirse a un mes o a una campaña puntual: es un estilo permanente de vida cristiana.
Ante el temor de muchos que piensan “yo no he estudiado teología”, los jóvenes fueron claros: el primer requisito para evangelizar no es un título académico, sino saberse amado por Dios. El misionero es, antes que nada, alguien que ha tenido un encuentro con Cristo.
Formación y unidad
La misión, sin embargo, no se improvisa. La Iglesia ha organizado procesos de formación en parroquias y decanatos para que los agentes evangelizadores hablen “un mismo idioma” y anuncien con claridad el mensaje del Evangelio.
No se trata de ir a debatir o a resolver todos los problemas, sino de sembrar la Palabra. Como en tiempos de los apóstoles, el secreto está en la escucha atenta y en dejarse moldear por el Señor.
Dar testimonio de lo que se ha contemplado
Durante el programa se escuchó un mensaje del Papa León, quien recordó que evangelizar es “dar testimonio de aquello que se ha contemplado”. No se puede hablar de Dios sin antes hablar con Dios. Sin oración, la misión se vuelve estéril.
Los seminaristas insistieron en la importancia del discipulado: primero acoger la Palabra, vivirla, encontrarse con Jesús en la Eucaristía y en la oración; luego, transmitir esa alegría a los demás. Como decía san Juan Pablo II, “la fe se fortalece dándola”.
La misión y las vocaciones
Uno de los frutos esperados de esta Misión Nacional es el surgimiento de nuevas vocaciones sacerdotales, religiosas y matrimoniales. El mejor modo de despertar una vocación no es solo con palabras, sino con el testimonio de una vida coherente y feliz en el seguimiento de Cristo.
Si los jóvenes ven cristianos auténticos, convencidos y alegres, sentirán también el deseo de entregar su vida al Señor.
María, modelo de discípula y misionera
El programa concluyó poniendo la misión bajo la protección de la Virgen, invocada como Virgen de Suyapa. Ella, que dijo “sí” al Señor y salió presurosa a servir a Isabel, es modelo perfecto de discípula y misionera.
María no se quedó con Jesús para sí; lo llevó a los demás. Ese es también el desafío para la Iglesia hondureña en este 2026: llevar a Cristo a cada hogar, a cada comunidad, a cada rincón del país.
Así, Grito de Profeta anima a todos los bautizados a asumir con valentía esta misión. Porque no basta con creer: estamos llamados a anunciar, con alegría y esperanza, que Cristo vive y camina con su pueblo.
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