Para los católicos. llevar las llagas del Señor constituye un don de tal magnitud que supera toda explicación científica, razonamiento o cálculo humano. El Padre Pío, un fraile y sacerdote franciscano de vocación italiano, recibió los estigmas de Jesucristo, quien quiso asociarlo de una manera especial a su Pasión a lo largo de su vida.
San Pío de Pietrelcina relató que, después de celebrar la Misa y dar gracias en el coro, contempló a Jesús en actitud de crucificado. El santo afirmó que sintió compasión por los sufrimientos del Señor y escuchó estas palabras: “Te asocio a mi Pasión”. Tras desaparecer la visión, descubrió en su cuerpo las llagas de las que brotaba sangre. El testimonio fue recogido durante una investigación del Santo Oficio en 1921.
El monseñor Carlo Raffaele Rossi examinó las heridas y concluyó que no eran falsas. San Pío vivió esta experiencia como una llamada a unirse a la Pasión de Cristo y a ofrecerse por la salvación de los demás, en una vida marcada por la oración, la Misa y la confesión.
Además de San Pío de Pietrelcina hay alrededor de 60 santos y beatos estigmatizados. Algunos de los más famosos son: San Francisco de Asís, Santa Catalina de Siena, Santa Catalina de Ricci, San Juan de Dios, la Beata Anne Catherine Emmerich, entre otros.