Con profunda esperanza en la Resurrección, la Iglesia que peregrina en Honduras encomienda al Señor el eterno descanso del Presbítero Lucio Amaya, sacerdote de la Diócesis de Gracias, quien partió a la Casa del Padre tras varios meses de padecimientos de salud. Además, pobladores de la localidad en donde servía el presbítero señalaron que, a las enfermedades, se le suma que había sufrido un reciente accidente vehicular dejándole secuelas que agravaron su situación.
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El Presbítero Amaya era originario de la comunidad de Agua Zarca, Camasca, departamento de Intibucá, y según testimonio de quienes le conocieron, dedicó su vida al anuncio del Evangelio y al servicio pastoral de numerosas comunidades, dejando una huella imborrable por su cercanía, espíritu misionero y testimonio de fe. Diversos fieles lo recuerdan como un guía espiritual comprometido con la formación cristiana y el acompañamiento del Pueblo de Dios. La Diócesis de Gracias a través de un comunicado, agradeció al Señor por el don de su vida sacerdotal, por su generosa entrega a la Iglesia y por los frutos de su ministerio, que fortalecieron la fe de muchas personas a lo largo de los años. Las exequias se celebraron en el Santuario del Santísimo Cristo Negro Nuestro Señor de Intibucá, donde numerosos sacerdotes, religiosos y fieles se congregaron para elevar sus oraciones por el eterno descanso de su alma. La Eucaristía fue presidida por Monseñor Walter Guillén Soto, Obispo de la Diócesis de Gracias.