Cada 13 de junio, miles de fieles participan en la tradición del Pan de San Antonio, una práctica que la Iglesia invita a comprender desde la fe y la caridad, evitando interpretaciones supersticiosas.
Según Claudio Turcios, laico franciscano de la parroquia Inmaculada Concepción de Comayagüela, esta costumbre surge del propio San Antonio de Padua, quien repartía alimentos entre los pobres de su ciudad y promovía la ayuda a los más necesitados.
“Él salía de su convento, agarraba pan de la cocina o alimentos de la cocina y se colocaba en la puerta del monasterio y empezaba a repartir a la gente pobre, con el paso de los años, la tradición llegó a América a través de las comunidades franciscanas”, compartió.
Por su parte, Fray Arturo Vallejo señaló “Los panes que se comparten con gente pobre necesitada, son un signo de solidaridad, el pan de los pobres está muy conectado a la caridad de nuestro señor Jesucristo”, puntualizó.
Un gesto que nace de la caridad
La tradición del Pan de San Antonio recuerda que la fe debe expresarse en obras concretas. Más que conservar un pan bendito, invita a compartir con quienes más necesitan ayuda, siguiendo el ejemplo de solidaridad y servicio que vivió el santo.