Desde el Progreso, Yoro emerge una historia marcada por una constante búsqueda de fe y perseverancia. El Padre Orvin David Morales no sigue el camino tradicional de una vocación temprana, sino que se construyó paso a paso. Nació en una familia evangélica y numerosa siendo el menor de nueve hermanos, pero durante su adolescencia vivió momentos que marcaron profundamente su vida. Su madre falleció cuando apenas tenía 14 años y, años más tarde, mientras cursaba su formación en el seminario, también perdió a su padre. “El ejemplo de ellos los recuerdo con mucho cariño, el ejemplo de cada uno, su legado, cada uno con una personalidad diferente, con una forma de ser distinta que sumaron para que yo fuera el que soy en este momento” expresó el Padre Orvin.
Vocación
Su interés comenzó en la adolescencia, estudio en un colegio católico administrado por jesuitas españoles, momento de su vida que fue forjando lo que quería ser. Ese proceso no estuvo exento de contrastes, mientras participaba activamente en la iglesia evangélica, también se sentía atraído por la liturgia católica. “Me gustaba la Misa, la veía muy solemne, muy bonita” destacó. Esta dualidad marcó una etapa importante de discernimiento en su vida.
Tras finalizar su bachillerato y comenzar estudios universitarios, su camino parecía orientarse hacia lo profesional, sin embargo, es en Tegucigalpa que experimentó un giro decisivo al integrarse a la pastoral universitaria, fue ahí donde redescubrió su fe y comenzó a profundizar en la vida sacramental.
A diferencia de muchos seminaristas, su vocación surgió en una etapa más madura. “Ya tenía 29, entonces ya es una vocación tardía, termino la universidad y me sentía también un poco raro”, reconoció. Aun así, lejos de ser un obstáculo, esta experiencia le permitió asumir su formación con mayor convicción y claridad. Este proceso lo llevó incluso a México, donde profundizó en su formación espiritual e intelectual, antes de integrarse definitivamente al seminario mayor en Honduras. Años después, tras una formación intensa y exigente, fue ordenado sacerdote, iniciando así un ministerio marcado por el servicio cercano a la comunidad.
Presente
Actualmente como Sacerdote de la parroquia Nuestra Señora del Sagrado Corazón, en el Hatillo, el Padre Orvin David Morales mira su historia con gratitud. Su testimonio se convierte en un mensaje claro para quienes dudan o sienten un llamado en etapas no convencionales de la vida. “Yo ingresé al seminario ya mayor, con una carrera universitaria, no se sientan viejos, no se sientan mal, porque Dios llama a distintas edades” puntualizó.
El Padre Orvin David Morales es licenciado en Administración de Empresas, graduado de la Universidad Nacional Autónoma de Honduras, antes de responder a su vocación sacerdotal. En su tiempo libre disfruta de la lectura, jugar baloncesto y correr. Sin embargo, dedica sus momentos de descanso a fortalecer su relación con Dios a través de la oración.