La historia vocacional del Padre Alexis Zúñiga no comenzó en la tranquilidad de una vida religiosa temprana, sino en medio de una búsqueda intensa, marcada por la duda, la pérdida de la fe y un camino que lo llevó temporalmente lejos de la Iglesia Católica.
Originario de la populosa colonia Soto en Comayagüela , su infancia transcurrió entre el bullicio de los mercados populares y una profunda influencia mariana inculcada por su madre. Sin embargo, al llegar a la adolescencia, su vínculo espiritual se fracturó drásticamente: “Ahí se me cayó la fe católica”, evoca con total honestidad.
Búsqueda
Durante doce años, Alexis buscó respuestas en el movimiento gnóstico, una etapa de vacío espiritual que coincidió con el consumo fuerte de licor. A nivel profesional, se graduó como técnico electricista en el Instituto Técnico Honduras y laboró durante seis años en la Empresa Nacional de Energía Eléctrica (ENEE), mientras intentaba sin éxito avanzar en la carrera de ingeniería eléctrica. El giro radical de su existencia llegó mediante lo que describe como un “rayo de misericordia”.
A través del acompañamiento de una feligresa, experimentó un profundo reencuentro con Cristo y la Virgen María que lo devolvió a los sacramentos. Al poco tiempo, mientras caminaba hacia la Basílica de Suyapa, sintió el llamado al sacerdocio de manera innegable. Curiosamente, fue un pequeño anuncio publicado en las páginas de este Semanario FIDES el que le descubrió su carisma definitivo: la invitación a ser misionero con los Siervos Misioneros de la Santísima Trinidad.
Tras completar su formación entre Costa Rica, México y Estados Unidos, su ministerio experimentó un "llamado dentro del llamado". Al confrontar la cruda realidad de la violencia en Honduras, que tocó su propia sangre con el asesinato de su hermano menor a manos de mareros , Alexis halló en la oración una respuesta pastoral libre de rencores.
En 2012 regresó al país para fundar y estructurar la pastoral de la actual parroquia Santísima Trinidad en la colonia Nueva Capital, en la periferia de Tegucigalpa. Allí, durante nueve años, caminó entre jóvenes en riesgo social y pandilleros, sembrando reconciliación donde imperaba la exclusión.
Hoy, sirviendo temporalmente en Mississippi con la tribu Choctaw, el Padre Alexis recuerda a la juventud hondureña que responder a Dios ensancha el corazón: “Ánimo, no le tengan miedo, es el mejor negocio del mundo decirle que sí al Señor”. Su vida es un vivo testimonio de que la gracia divina es capaz de transformar la oscuridad en una radiante misión de paz.