El Señor continúa llamando a su viña en cualquier etapa de la vida. La edad no limita la acción de Dios ni impide responder con generosidad a una vocación sacerdotal o religiosa, lo importante es escuchar su voz y tener la valentía de decirle sí.
El Padre Gerardo Alberto Vallecillo, párroco de la Parroquia Madre Dolorosa, explicó que las vocaciones tardías reflejan que Dios llama a cada persona en el momento que ha dispuesto para ella. Como enseña la Palabra de Dios, invita a unos al inicio de la jornada, a otros durante el día y a algunos cuando la tarde está por terminar, recordando que la vocación es un misterio que nace de la iniciativa divina y no de la edad de quien la recibe.
Llamado
Por su parte, la Hermana Lesbia Perea, superiora general de las Misioneras del Sagrado Corazón de Jesús, recordó la Parábola de los trabajadores de la viña, en la que Jesús narra cómo el dueño salió a contratar obreros en diferentes momentos del día. Al finalizar la jornada, todos recibieron el mismo denario, sin importar la hora en que habían comenzado a trabajar. Con esta enseñanza, explicó que el Señor llama a unos en la juventud y a otros en la madurez, pero la recompensa es la misma para quienes responden con fidelidad a su llamado. "La paga es igual para todos, sea que nos llamen a los 15, 20, 30 o 40 años", expresó.
Testimonio
El Padre Celio Martínez, Párroco de Nuestra Señora de la Esperanza, en La Esperanza, Intibucá, relata que ingresó al Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa a los 28 años. Aunque desde joven sentía la inquietud por el sacerdocio, sus aspiraciones también estaban orientadas hacia la pedagogía. Sin embargo, al ser el hijo mayor de la familia, las dificultades económicas y el fallecimiento de su padre lo obligaron a posponer su vocación para asumir la responsabilidad de apoyar a sus seres queridos. Años después, cuando las circunstancias lo permitieron, respondió al llamado de Dios e inició su formación sacerdotal.