En la homilía del Domingo Ramos el Papa León XIV realizó un firme llamado a detener la violencia y las guerras, afirmando que Dios no puede ser usado para justificar el enfrentamiento y recordando que las heridas de Cristo reflejan hoy el sufrimiento de las víctimas del conflicto, la pobreza y la desesperanza.
El Pontífice invitó a los fieles a acompañar a Cristo en su camino hacia la cruz, describiendo su pasión como un acto de entrega total por amor a la humanidad. En su reflexión, subrayó que Jesús no enfrenta la persecución con fuerza ni venganza, sino con mansedumbre y misericordia, transformando el sufrimiento en un regalo de amor para todos.
Uno de los ejes centrales del mensaje fue el contraste entre la figura de Cristo y el clima de violencia que lo rodeaba. Mientras “se prepara la guerra”, Jesús se mantiene firme como luz en medio de las tinieblas.
“Él, que permanece firme en la mansedumbre, mientras los demás se agitan en la violencia. Él, que se ofrece como una caricia para la humanidad, mientras los otros empuñan espadas y palos. Él, que es la luz del mundo, mientras las tinieblas están a punto de cubrir la tierra. Él, que vino a traer vida, mientras se lleva a cabo el plan para condenarlo a muerte.”
El Papa insistió en que Dios no puede ser utilizado para justificar conflictos armados ni enfrentamientos. Con palabras contundentes, recordó que el Señor rechaza las plegarias de quienes tienen “las manos llenas de sangre”, en una clara advertencia contra cualquier intento de usar la religión como instrumento para la guerra.