Al cierre del Mes de María, el Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa dirige su mirada hacia la Virgen María, reconociéndola como Madre de los sacerdotes, acompañante de los seminaristas y modelo perfecto de toda vocación entregada a Dios.
El Concilio Vaticano II invita a los sacerdotes a contemplarla como “Madre del sumo y eterno Sacerdote, Reina de los Apóstoles y Auxilio de los presbíteros en su ministerio”, exhortando a venerarla y amarla con devoción filial.
Acompañamiento
Detrás de cada sacerdote y seminarista existe también una historia marcada por el amor de una madre. Así lo expresó el seminarista Luis Miguel Delgado, quien recordó que los sacerdotes no vienen “de la nada”, sino de familias donde aprendieron a dar sus primeros pasos en la fe. “Así como Jesús tuvo una madre, nosotros también tenemos madres que nos han traído al mundo, nos han educado y guiado por el mejor camino que ellas han podido”, expresó. Asimismo, recordó unas palabras del Papa Benedicto XVI pronunciadas en 2009, donde afirmaba que María ama con predilección a los sacerdotes porque ellos se configuran sacramentalmente con Cristo y realizan su ministerio en la tierra. Por su parte, el seminarista Abner Ariel Pavón destacó que la Virgen María ocupa un lugar esencial en la vida vocacional. Resaltó que muchos seminarios llevan nombres marianos como signo de confianza y protección maternal, tal como ocurre con el Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa.
En este contexto, las madres de familia también representan un apoyo fundamental en el camino vocacional al ejemplo de María. Ilsa Vanessa Rodríguez, madre del seminarista Jasson Ortiz, confesó que al inicio fue difícil aceptar la decisión de su hijo, pero con el tiempo comprendió que se trataba de un llamado de Dios.
“Hoy me siento orgullosa del hijo que Dios me dio y de que haya tomado la decisión de formarse para la vida sacerdotal”, expresó.
El Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa invita a los fieles a encomendar a María a todos los sacerdotes, seminaristas y vocaciones, para que, bajo su manto maternal, continúen respondiendo con fidelidad al llamado del Señor.