No solo la existencia de Jesús estaba pensada desde siempre por Dios Padre para que fuera el Redentor; también la existencia de María, inseparable de la existencia de Jesús, fue pensada y esperada desde siempre para que Jesús fuera verdaderamente uno como nosotros. En realidad, que cualquiera de nosotros podemos decir que nuestro nacimiento no fue fruto del azar o de la casualidad, sino que fue pensado, querido y esperado por Dios.
Conmemoración
Cada 08 de septiembre se recuerda la Natividad de la Virgen María, quien nació del seno de Santa Ana acompañada por su esposo San Joaquín. El Padre Carlos Rubio, formador del Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa, afirma que “María es la obra perfecta de Dios dentro de todas las criaturas” Por eso, María es figura e imagen de la Iglesia, de la nueva humanidad a la que todos debemos tender mediante la santificación, la perfección y la santidad.
Pero también podemos reflexionar sobre el momento del nacimiento como el cumplimiento de una elección amorosa que Dios había hecho desde siempre, menciona el Padre Alexis Melgar, Vicario de la Parroquia Madre Dolorosa, “Jeremías dice: ‘Antes de formarte en el seno de tu madre, yo te conocía; antes de que nacieras, te tenía consagrado...’”.
Origen
La presencia, el nacimiento de María, su concepción y también su maternidad son obra del Espíritu Santo. Lo decía el Evangelio de Mateo, que resalta la genealogía y los orígenes históricos según la ley, según la carne y según las promesas mesiánicas de David y de Abraham: nace el Mesías, Jesucristo. Y en María comienza a cumplirse la plenitud de los tiempos, porque ella es la mujer que dará a luz al Salvador, concebido en su seno por obra y gracia del Espíritu Santo, no por obra humana. María es la obra perfecta de Dios.
Antes de enviarnos a su Hijo, en su plan divino de salvación está la concepción virginal de María; está la preparación de ese sagrario, de ese templo puro y santo del que va a ser el Santo de los santos entre nosotros: Jesucristo. Dios Padre preparó una digna morada para su Hijo, y no hubo otro ser más perfecto que el seno purísimo de la Virgen María. Todo contribuye para el bien, porque Dios ha hecho las cosas bien.