En un tiempo marcado por pantallas, algoritmos y respuestas inmediatas, su Eminencia el Cardenal Óscar Andrés Rodríguez Maradiaga lanzó desde el Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa una advertencia que toca el corazón de la educación y de la fe: la Inteligencia Artificial no puede ocupar el lugar de la persona.
Ante seminaristas, formadores y autoridades, el Cardenal Rodríguez recordó que la encíclica Magnífica Humanitas, del Papa León XIV, propone custodiar la dignidad humana en medio de la revolución digital. “La dignidad de la persona debe estar siempre en el centro de toda innovación”, afirmó.
Señaló que las instituciones educativas no deben convertirse en simples laboratorios de algoritmos, sino en espacios donde se formen conciencias libres, críticas y solidarias.
También advirtió que una universidad dedicada solo a entrenar técnicos podría entregar profesionales eficientes, pero ciudadanos incompletos. “De nada sirve tener toda la tecnología si en las aulas se pierde el encuentro humano”, insistió, y dejó un mensaje claro: "La Iglesia no teme al futuro, pero exige que la tecnología sirva a la verdad, la vida y el bien común".
Dignidad humana
La ponencia insistió en que toda innovación debe reconocer el valor de la persona, evitando que la tecnología desplace la conciencia, la fe y la responsabilidad moral.
Inteligencia artificial
El Cardenal presentó la IA como un desafío cultural y educativo que exige discernimiento, pensamiento crítico y orientación ética al servicio del bien común.
Educación integral
La reflexión destacó que formar no es solo transmitir habilidades técnicas, sino cultivar verdad, sensibilidad humana, diálogo y compromiso con los demás.