Este martes 18 de agosto se desarrolló la primera jornada del Congreso Arquidiocesano de la Familia, un espacio de formación y reflexión que congregó a numerosas familias y fieles provenientes de distintos puntos de Tegucigalpa en la Basílica de Nuestra Señora de Suyapa.
La actividad inició con la animación de Andrés Ferrera, quien preparó el ambiente espiritual y motivó a los asistentes a abrir el corazón para recibir los mensajes y enseñanzas de esta jornada dedicada a la familia y las vocaciones.
Durante la inauguración, el arzobispo de Tegucigalpa, monseñor José Vicente Nácher, expresó su satisfacción por la masiva participación de los fieles. “Qué alegría ver esta Basílica llena de familias. Nos alegra saber que son muchas las que vendrán a esta casa materna”, manifestó el prelado.

La primera ponencia estuvo a cargo del licenciado en Psicología Israel Irias, quien abordó la temática de la vocación desde una perspectiva humana y cristiana. Durante su intervención explicó que el término vocación proviene del latín vocare, que significa “llamar”, y recordó que, desde la fe cristiana, la vocación es entendida como el llamado que Dios dirige a cada persona para realizar un proyecto de vida orientado al amor, al servicio y a la plenitud humana.
Asimismo, destacó la importancia de la psicología en el proceso de discernimiento vocacional. “La psicología ofrece herramientas fundamentales para comprender los procesos humanos mediante los cuales una persona descubre su identidad, desarrolla su libertad, construye vínculos afectivos y toma decisiones significativas”, señaló.
En un segundo momento de la jornada, los sacerdotes Rigoberto Velásquez y Cecilio Rivera compartieron sus testimonios vocacionales. Ambos coincidieron en que la familia desempeña un papel fundamental en el acompañamiento y la aceptación de la vocación de los hijos, convirtiéndose en el primer espacio donde se cultiva la fe y se aprende a escuchar la voz de Dios.

El primer día del Congreso Arquidiocesano de la Familia concluyó con una invitación a fortalecer la oración en los hogares y a pedir al Señor por nuevas vocaciones al sacerdocio, la vida consagrada y el matrimonio cristiano, reafirmando el compromiso de las familias como semilleros de fe y esperanza para la Iglesia.
La actividad inició con la animación de Andrés Ferrera, quien preparó el ambiente espiritual y motivó a los asistentes a abrir el corazón para recibir los mensajes y enseñanzas de esta jornada dedicada a la familia y las vocaciones.
Durante la inauguración, el arzobispo de Tegucigalpa, monseñor José Vicente Nácher, expresó su satisfacción por la masiva participación de los fieles. “Qué alegría ver esta Basílica llena de familias. Nos alegra saber que son muchas las que vendrán a esta casa materna”, manifestó el prelado.
La primera ponencia estuvo a cargo del licenciado en Psicología Israel Irias, quien abordó la temática de la vocación desde una perspectiva humana y cristiana. Durante su intervención explicó que el término vocación proviene del latín vocare, que significa “llamar”, y recordó que, desde la fe cristiana, la vocación es entendida como el llamado que Dios dirige a cada persona para realizar un proyecto de vida orientado al amor, al servicio y a la plenitud humana.
Asimismo, destacó la importancia de la psicología en el proceso de discernimiento vocacional. “La psicología ofrece herramientas fundamentales para comprender los procesos humanos mediante los cuales una persona descubre su identidad, desarrolla su libertad, construye vínculos afectivos y toma decisiones significativas”, señaló.
En un segundo momento de la jornada, los sacerdotes Rigoberto Velásquez y Cecilio Rivera compartieron sus testimonios vocacionales. Ambos coincidieron en que la familia desempeña un papel fundamental en el acompañamiento y la aceptación de la vocación de los hijos, convirtiéndose en el primer espacio donde se cultiva la fe y se aprende a escuchar la voz de Dios.
El primer día del Congreso Arquidiocesano de la Familia concluyó con una invitación a fortalecer la oración en los hogares y a pedir al Señor por nuevas vocaciones al sacerdocio, la vida consagrada y el matrimonio cristiano, reafirmando el compromiso de las familias como semilleros de fe y esperanza para la Iglesia.