Hace dos domingos, el templo vestía de verde, color de la esperanza en el Tiempo Ordinario. Las flores adornaban el altar y los cantos, llenos de vida, resonaban con normalidad. Pero llega el Miércoles de Ceniza y todo cambia. Es un cambio abrupto, intencionado. Desaparecen las flores, el morado solemne lo cubre todo y, quizás lo más notorio para el oído, la música se transforma. La vivacidad de los cantos cae, el "Gloria" y el "Aleluya" enmudecen y los instrumentos callan o se reducen a su mínima expresión para sostener la voz.
Pedagogía
Este paso del ver al entender nos revela una profunda catequesis litúrgica. Este "vacío" sonoro no es un capricho, sino una pedagogía del alma. La Cuaresma nos invita a entrar en un desierto interior para encontrarnos con Dios. Así como el paisaje desértico es austero, la música litúrgica se despoja de sus adornos para no distraer, sino para conducir a lo esencial: la Palabra de Dios y el misterio de la Pasión. Las melodías se vuelven más sobrias, a menudo con tonos menores que invitan al recogimiento y la penitencia. La música no busca adornar, sino penetrar el alma y moverla a la conversión.
Magisterio
Según la instrucción Musicam Sacram, el objetivo del coro es glorificar a Dios y santificar a los fieles mediante la música, asegurando la correcta interpretación de las partes propias del canto, sosteniendo y promoviendo la participación de la asamblea en la liturgia. El coro actúa como un ministerio, no como un espectáculo, guiando a la asamblea en el canto y elevando la piedad, haciendo que el canto sea parte de la celebración y no una distracción. La constitución Sacrosanctum Concilium nos enseña que el canto sagrado está "íntimamente unido a la acción litúrgsica" (n. 112). Por su parte, la Instrucción General del Misal Romano (IGMR) establece normas claras: el "Aleluya" se omite en todo momento durante la Cuaresma (n. 62). Sobre los instrumentos, precisa que "el uso del órgano y de los demás instrumentos musicales se permite sólo para sostener el canto" (n. 313), evitando los solos instrumentales que puedan romper la austeridad propia de este tiempo sagrado, preparándonos así para la explosión de alegría de la Pascua. Recordemos que como coros, nuestro objetivo no es cantar en misa, sino “cantar la misa”.
"La Cuaresma ofrece una vez más la oportunidad de reflexionar sobre el corazón de la vida cristiana: la caridad. […] La liturgia misma es una gran escuela, en la que podemos aprender a vivir una caridad cada vez más generosa."
Papa Benedicto XVI
Mensaje para la Cuaresma 2012
OPINIONES
Alexander Ferrari, Parroquia El Calvario, Comayaguela.
“La música de Cuaresma se caracteriza por su tono sobrio, completativo y penitencial; creado para ser acompañante en este retiro cuaresmal. Para acompañar en el desierto espiritual, la música debe atenuarse, de esa forma acompaña en el ayuno y la conversión, con el uso de tonos musicales que marcan el arrepentimiento, el camino hacia la cruz, la misericordia, preparando nuestro corazón para la Vigilia Pascual”
Karla Yaneth Zavala, Parroquia San Martín de Porres.
“En este tiempo litúrgico estamos invitados a vivirlo en armonía con la liturgia propuesta por la madre Iglesia, con cantos y acordes que inviten a la oración, al ayuno y la limosna. La forma del canto debe ser meditativa, con austeridad y sencillez. Omitimos el Gloria y Aleluya porque estamos esperando un acontecimiento muy importante para los cristianos, por lo que nuestra actitud penitencial y austera es una preparación para la gran celebración pascual”
Josué Coello, Parroquia El Salvador del Mundo
“El coro parroquial apoya con su canto en el tiempo de Cuaresma al crear una atmósfera de conversión y desierto espiritual, donde la música no es un adorno, sino una oración cantada que, como decía San Agustín, "el que canta ora 2 veces". Esto a través de melodías sobrias y la omisión del Gloria y el Aleluya, el coro guía a la asamblea por los pilares de la oración, el ayuno y la penitencia, permitiendo que la letra de los cantos se convierta en una verdadera "intronización" al misterio”