El mes de junio reviste un carácter profundamente espiritual para la Iglesia Católica, al estar consagrado enteramente al Sacratísimo Corazón de Jesús. El origen de esta arraigada tradición se remonta al 16 de junio de 1675 en Francia, cuando Nuestro Señor se le apareció a Santa Margarita María Alacoque.
Mostrando su corazón rodeado de llamas de amor y coronado de espinas, Jesús lamentó la "ingratitud, irreverencia y desprecio" de la humanidad, consolidando así una festividad litúrgica movible que se celebra cada año después de la octava del Corpus Christi.
Sanación
Nora Sauceda, coordinadora de la Pastoral Familiar de La Parroquia Sagrado Corazón de Jesús, comparte cómo su devoción se convirtió en su refugio tras ser diagnosticada con cáncer de tiroides en 2024.
Tras constantes jornadas de oración de madrugada ante el Santísimo los primeros viernes de cada mes, hoy da testimonio de su sanación, "estoy cien por ciento sana y eso se lo debo realmente a ese Sagrado Corazón de Jesús".
Para la Hermana Rubenia Sánchez, Misionera del Sagrado Corazón, esta festividad representa la esencia misma de su entrega diaria: "La vocación es un regalo, me ha fortalecido con su Divina presencia cuando lo contemplo en la Eucaristía".
Junio se presenta, entonces, como la oportunidad perfecta para alimentarse de ese amor infinito de misericordia y transformar el corazón humano.
Divinidad
Esta devoción es un llamado a la conversión en un mundo marcado por el consumismo y la violencia; explica Walter Benavidez de la Parroquia Sagrado Corazón de Jesús. El destaca que esta urgencia de volver al amor divino ha sido reavivada por el Papa Francisco en su encíclica Dilexit Nos, la cual destaca la ternura y el fervor en la misión.
Consagración
En el mes de junio los católicos estamos llamados a demostrar con nuestras obras la devoción a su amoroso Corazón, como una forma de corresponder al gran amor de Jesús, que murió por nuestra salvación y se quedó en la Eucaristía para enseñarnos el camino a la vida eterna.
Amor
Este mes consagrado al Corazón de Jesús nos lleva a meditar en el verbo encarnado por amor a la humanidad. Como lo encontramos en la Sagrada Escritura “¡Así amó Dios al mundo! Le dio al Hijo Único, para que quien cree en él no se pierda, sino que tenga vida eterna. Juan 3,16. Hemos recibido el amor inmenso de Dios, como océano infinito de su misericordia.