Julio es un tiempo privilegiado para que la Iglesia ore por las vocaciones y anime a los jóvenes a descubrir el proyecto que Dios ha pensado para sus vidas. En medio de una realidad marcada por la pobreza, la violencia y la migración, que lleva a muchos a buscar nuevos horizontes, el Señor continúa llamando con la misma fuerza de siempre.
El Mes Vocacional recuerda que la esperanza también nace en los corazones de quienes, con generosidad, deciden responder a esa voz y ponerse al servicio del Evangelio.
Testigo
El testimonio de José Luis Alonso Martínez, seminarista del segundo año de Teología del Seminario Mayor Nuestra Señora de Suyapa, es reflejo de esa certeza. Originario de la parroquia San Juan Bautista de Ojojona, José Luis asegura que su vocación comenzó a gestarse en el ambiente sencillo de su hogar y en la catequesis que recibió siendo apenas un niño. "Recuerdo que tenía cuatro años y jugaba a celebrar la Eucaristía; yo decía que quería ser sacerdote", recuerda.
Aquel deseo no era pasajero. Incluso en la escuela sorprendió a su maestra al dibujarse celebrando la Santa Misa cuando les preguntaron qué querían ser de grandes.
Esos cuadernos aún permanecen como un recuerdo de los primeros signos de una llamada que Dios sembraba silenciosamente en su corazón. Con el paso de los años creyó que aquella ilusión era solo un juego infantil y trató de dejarla atrás. Sin embargo, la gracia de Dios siguió abriéndose camino. Durante la Jornada Mundial de la Juventud en Panamá, al contemplar a cientos de jóvenes haciendo largas filas para confesarse y buscar un sacerdote, comprendió que la Iglesia necesitaba más obreros para la mies.
Esa experiencia, unida a su servicio como monaguillo y acólito, reavivó la inquietud vocacional que había permanecido en su interior. En 2020 inició formalmente su proceso de discernimiento. Aunque la pandemia obligó a realizar los encuentros de manera virtual, perseveró hasta ser admitido en el Seminario Mayor en 2021.
Desde entonces ha recorrido las etapas introductoria, filosófica y configuradora, descubriendo que la formación es un camino de crecimiento humano, espiritual e intelectual. Hoy, después de haber recibido la admisión a las órdenes sagradas, expresa con convicción que continúa respondiendo con alegría a la llamada del Señor. Su historia confirma que Dios sigue llamando en medio de las circunstancias de cada época.
En este Mes Vocacional, su testimonio se convierte en una invitación para que los jóvenes no tengan miedo de abrir el corazón a la voluntad de Dios y descubran que la verdadera felicidad nace al responder con generosidad a la misión que Él confía a cada persona.