Escuchando con detenimiento las lecturas de hoy, podemos hacernos una pregunta: Jesús, ¿se va o permanece con nosotros? Porque mientras Hechos de los Apóstoles, en continuidad con el Evangelio de Lucas, dice que Jesús ascendió a los cielos a la vista de sus apóstoles, San Mateo concluye reiterando el envío a los apóstoles y asegurándoles: “sabed que yo estoy con vosotros todos los días hasta el fin del mundo”. No se trata de un error de ninguno de los dos, ya que ambos pasajes no son artículos de un periódico, sino extensas catequesis bien estructuradas conforme a una enseñanza profunda de cada autor sagrado. Relatos algo distintos, pero siempre partiendo de una misma fe y llegando a un mismo fin, el Resucitado. Y eso es lo que les da mayor consistencia a las escrituras: su disparidad narrativa manteniendo su unidad interior.
¿Acaso Mateo olvida hablar de la Ascensión? Dicen los especialistas que el Evangelio de Mateo, que inicia presentando al “Enmanuel” (Dios con nosotros), prefiere hablar de una “presencia continua del resucitado”, es decir, una venida permanente, que acompaña y pone en juicio toda la historia. Recordemos las tres formas principales de permanencia de Jesús: dónde estén dos o más reunidos en mi nombre; dónde partan el pan en memoria mía; y dónde se sirva a uno de estos hermanos míos más pequeños. La comunidad de fe, la celebración de los sacramentos y la caridad efectiva.
¿Y por qué San Lucas habla hasta dos veces de la ascensión de Jesús? Así como cuarenta fueron los días en el desierto para prepararse Jesús a su misión, los mismos días transcurren ahora tras la resurrección como preparación de los apóstoles a su misión. El Credo nos presenta la ascensión de Cristo no como una elevación espacial, sino como una “entronización” del Padre al Hijo, el cual “intercede por nosotros”. La humanidad resucitada de Jesucristo ahora es plenamente parte del misterio divino. Eso significa, por ejemplo, que nuestra humanidad unida a la de Cristo, comparte con Él la dignidad eterna. Si queremos vincular más ambos relatos, digamos que: Jesús se ausenta de nuestra vista, para hacerse presente en nuestro caminar diario.
Así mismo, encontramos hoy otro contraste en el lugar: ¿Galilea o Jerusalén? Para Mateo Jesús es el nuevo Moisés, en quien se cumplen las promesas con un nuevo inicio en la “Galilea de las naciones”, no en el centro político y religioso. Volver a las raíces, para que la misión de la Iglesia inicie allí mismo donde inició la de Jesús. En cambio, en el relato de San Lucas, Jerusalén es el centro geográfico de la salvación; todo tiende hacia Jerusalén y todo parte de ella. Esta ciudad llega incluso a considerarse como el lugar donde se da el paso del tiempo de Jesús al tiempo de la Iglesia. En ambos casos, observamos una profunda y necesaria continuidad.
Las lecturas de hoy nos invitan a una mirada más elevada, a la vez que más profunda de nuestra realidad. Una contemplación al mismo tiempo más humana y más divina, que en cada Eucaristía nos abre a la acción del Espíritu Santo.