La migración sigue siendo uno de los mayores desafíos de Honduras y cobra mayor urgencia ante la cancelación del Estatus de Protección Temporal (TPS) y el posible aumento de retornados. Este fenómeno afecta profundamente a la niñez, ya sea cuando los padres migran y los hijos permanecen en el país, o cuando los menores emprenden la ruta migratoria, comprometiendo su desarrollo integral y exigiendo una atención prioritaria.
Retornados
Datos proporcionados por el Instituto Nacional de Migración, revelan que, entre enero y agosto de 2026, cerca de 31,000 compatriotas retornaron al país. Llama la atención que, de este número, 2,717 oscilan entre los 11 y 20 años, mientras que, 251 son entre las edades de 0 -10 años.
Secuelas
Desde el Comisionado Nacional de los Derechos Humanos (CONADEH), reconocen que la ausencia de los padres que migran a otros países, genera un profundo impacto en los hijos, el cual se manifiesta a través de un sentimiento de abandono similar a un duelo que destruye su seguridad emocional, Elsy Reyes, coordinadora de la Defensoría de Movilidad Humana, resaltó que los daños son severos en la salud mental y en la conducta. “Esto implica ansiedad, depresión y una reconfiguración familiar forzada que obliga a los hermanos mayores a asumir prematuramente roles y responsabilidades de adultos”.
Desafío
En tanto, Jimmy Alvarenga, coordinador de Programas y Proyectos de la Red Coiproden señala que la separación familiar por migración representa un tipo de violencia invisible impactando de manera diferenciada y profunda en diversas áreas de la vida de niñas, niños y adolescentes en Honduras. “El impacto educativo es uno de los daños más graves que sufre la niñez, porque no hay seguimiento de la incorporación en el sistema educativo”. Ante esta crisis, las instituciones de protección a la niñez exigen una respuesta integral y la implementación urgente de un plan que garantice sus derechos.