En el mes de la Patria, ser hondureño no puede reducirse a una bandera, un desfile o una fecha en el calendario. Para un cristiano, amar Honduras significa cuidar la vida, respetar la dignidad y trabajar por una sociedad donde el bien común esté por encima de intereses particulares.
Realidad
La Conferencia Episcopal de Honduras (CEH), en su mensaje tras la Asamblea Plenaria del 3 al 7 de junio 2019, invita a mirar con preocupación la realidad nacional y a recuperar valores que orienten el rumbo del país. Con las palabras de San Pablo: “Que el amor sea sincero: detesten el mal y apéguense al bien” (Rom 12,9). Las palabras de los obispos resuenan hoy más que nunca para no ser indiferentes ante los problemas que afectan a la población.
La inseguridad, el alto costo de la vida, el desempleo, las dificultades en salud y educación, la corrupción y la pérdida de confianza en las instituciones forman parte de una realidad que exige respuestas responsables. El mensaje episcopal también advierte sobre la politización de los conflictos, la violencia en algunas protestas y actuaciones de fuerza que pueden aumentar las tensiones. Frente a ello, la fe invita a buscar justicia, diálogo y respeto.
Misión
La ciudadanía tiene un papel que no puede delegarse solo a las autoridades. Ser buen cristiano implica participar, informarse, exigir transparencia, defender los derechos propios y ajenos y denunciar aquello que atenta contra la dignidad humana. También supone proponer soluciones desde la familia, el trabajo y la comunidad.
La dignidad humana recuerda que cada persona ha sido creada a imagen y semejanza de Dios, con libertad, inteligencia y capacidad para decidir y desarrollarse. Una Honduras más justa comienza cuando dejamos de mirar al otro como un número o un problema y aprendemos a reconocer en él a un hijo de Dios.
Obligación
Melissa Elvir, directora de la Federación de Organizaciones No Gubernamentales para el Desarrollo de Honduras (FOPRIDEH), subraya que Honduras necesita personas de fe capaces de ofrecer respuestas y ser referentes desde la Doctrina Social de la Iglesia. Su llamado a ejercer una auditoría social, con respeto y críticas constructivas, recuerda que la participación ciudadana también puede vivirse como un servicio.
El mensaje de los obispos propone recuperar tres pilares para la vida nacional: respeto a la ley, confianza y ética política. Las leyes deben ser justas y orientadas al bien común; la confianza no puede sustituirse por la sospecha permanente; y quienes ejercen autoridad deben procurar fines moralmente rectos y utilizar medios legítimos.
Patriotismo
Amar a Honduras desde la fe es más que hablar de patriotismo. Es elegir el bien cuando nadie observa, cumplir los deberes ciudadanos, rechazar la corrupción, cuidar al vulnerable, respetar al que piensa distinto y participar en la construcción de soluciones. La transformación empieza también en cada hogar y comunidad.
Ser honrados ciudadanos y buenos cristianos exige vivir la fe. Honduras necesita creyentes que no se acostumbren al mal, con esperanza y unidos a hombres y mujeres de buena voluntad, para construir una patria donde la dignidad humana, la justicia, la verdad y el bien común sean caminos cotidianos.