“A todas las gentes alcance tu pregón” (salmo 18), cantaba el salmista, expresando el alcance y trascendencia de la una noticia que es tan grande y tan buena que nadie tiene derecho a retenerla como propia, sino compartirla como don universal que es.
La primera lectura nos hablaba de la luz a la que confluyen todos los pueblos de la tierra, en este caso, todas las parroquias (y diócesis de Honduras) nos ponemos en camino juntos y al mismo tiempo guiados por una estrella, la del redentor.
La segunda lectura expresaría ya, de alguna manera, la conclusión o efecto de la Santa Misión Nacional, que hoy anunciamos solemnemente en la Arquidiócesis en este Pregón. Que todos formemos un mismo cuerpo. Misión y comunión son dos realidades indisolublemente unidas. Una conduce a la otra
Retomando en el Evangelio la luz es protagonista, pero no podemos ver la luz lejana si hay muchos focos cerca, por ello necesitamos “apagar las luces de la ciudad para poder ver las estrellas”.
La Santa Misión Nacional 2026, “por una Iglesia sinodal para la Misión en Honduras” es una invitación a mirar al cielo, ver las estrellas y seguir la de Jesús. Algo tan sencillo y desafiante como eso. Pero el problema de nuestro tiempo es que ya no mira al cielo, sino al celular. Y aunque alguno mire arriba, la contaminación lumínica de las ciudades impide ver las estrellas. ¿Será este el motivo de que la fe sea más viva en las zonas rurales?
La estrella a veces parece que se pierde o se detiene. Igualmente, la Misión no siempre tiene efectos inmediatos ni todos dan la misma respuesta. Los Magos de oriente llegaron, algo perdidos, a Jerusalén. Gran alboroto se armó allí, no con buena intención, sino con desconfianza y falsedad. Pero también en Jerusalén los caminantes -aun sin saberlo- cumplieron su misión.
“Hoy proclamamos a todos una buena noticia”, decían los ángeles la noche de Navidad. Efectivamente, Misión es alegría que se ha recibido y que se lleva en el camino, porque lo que va con nosotros se comparte, y de lo que se comparte se recibe. Les aseguro que ningún católico va a ser más dichoso este año que el que participe activamente en la Santa Misión.
Como vemos, los Magos de oriente, aún sin saberlo ya eran misioneros. Hoy los misioneros somos nosotros, pero para ser misionero hay que mirar el cielo y buscar el origen de la luz. Camino de Misión va unido a donación y adoración. La Misión es un acto gratuito, no hay “profesionales de la misión”, sino discípulos misioneros dispuestos a levantar la mirada más allá de la inmediatez de lo cotidiano o el “like” digital.
En gran medida la Santa Misión Nacional, consistirá pues en “apagar las luces artificiales de la ciudad”. Apagaremos primero el exceso de luces de nuestra casa, y como los magos, saldremos de nosotros mismos y nuestra zona de confort para ir hacia la Luz de Belén invitando de corazón a todos los que encontremos por el camino. Y les invito a que -llegando a Jesús- lo adoren y le abran el cofre más íntimo de su corazón, que no dejen nada dentro, porque cuánto más vacío esté el cofre más lo llenará el Señor.
Esta Misión Nacional, Diocesana y Parroquial, misión eclesial, es un llamado de los cielos que quieren habitar en la tierra. Como los sabios de oriente, pongámonos juntos en camino. Hoy realizamos este Pregón (que después compartiremos en las redes). No se cansen de orar con él y dejarse interpelar.
Queridos hermanos, la Santa Misión no es “un trabajo extra” que nos ha caído en la parroquia, es una tarea concreta en la que participamos de la Misión de Jesucristo. Que con ilusión, generosidad y humildad “a todas las gentes alcance tu pregón”.