Pentecostés conmemora el momento en que el Espíritu Santo descendió sobre los Apóstoles, que perseveraban en la oración con la santísima Virgen María y otras mujeres, así como con los primos del Señor Jesús (Hechos 2, 1-4), capacitándolos para difundir el Evangelio e iniciar la misión de la Iglesia en el mundo.
Pentecostés es un vivo recordatorio de la presencia del Espíritu Santo en la Iglesia, que anima a los cristianos a abrir sus corazones a la inspiración divina, a abrazar la unidad y la diversidad en el cuerpo de Cristo y a vivir como testigos del Evangelio en su vida diaria. Podemos apreciar cómo, desde los primeros días del caminar eclesial, el Espíritu Santo resalta la naturaleza universal de la Iglesia y su misión para con todos los pueblos, derribando las barreras de idioma, raza y cultura.
Al recordar a los apóstoles que recibieron el valor para evangelizar, también nosotros somos invitados a vivir con valentía y fidelidad, guiados por la luz del Espíritu Santo, que también nos anima a renovar el compromiso de nuestra fe y a acoger el poder transformador del Espíritu.
Al cumplir su primer milenio, la Iglesia agrega una cláusula al Credo Niceno-Constantinopolitano afirmando que el Espíritu Santo procede del Padre y del Hijo, para contrarrestar la herejía del arrianismo que negaba la divinidad del Hijo, siendo este uno de los factores del Gran Cisma de 1054 que separa al catolicismo de la cristiandad ortodoxa, que, por su parte, mantiene que el Espíritu Santo procede únicamente del Padre. Arrio sostenía que el Señor Jesús fue el primer y más perfecto ser creado por Dios, por lo que tenía una naturaleza similar, pero no igual a la del Padre.
El Hijo y el Espíritu Santo estarían subordinados al Padre y serían inferiores, poniendo en peligro la salvación de la humanidad, que no sería posible. El arrianismo fue declarado herejía el año 325 d. C. por el Edicto de Milán y confirmado en el año 380 d. C. por el Edicto de Tesalónica, que dieron al cristianismo la libertad de actuar por el mundo.
Esta lucha contra el arrianismo es solo un ejemplo de las muchas que ha debido enfrentar la Iglesia en la preservación de la fe en medio de terribles persecuciones, muchas de ellas sangrientas, que embellecen su historia y ahora me impulsan, hermano que pudieras tener alguna pequeña inquietud sobre el actuar de la Iglesia a través de los siglos, a buscar y sumergirte en esa historia marcada por la acción del santísimo Espíritu de Dios en todos los tiempos.
A la gracia y virtudes insufladas, los dones del Espíritu Santo proporcionan también esfuerzo contra las tentaciones principales. «Dan sabiduría contra simpleza, entendimiento contra rudeza, consejo contra precipitación, fortaleza contra temor vano, ciencia contra ignorancia, piedad contra dureza, temor de Dios contra soberbia», como nos dejó escrito san Gregorio Magno, palabras que nos sirven para orar por los gobernantes, para que no fallen a la confianza que el pueblo depositó en las urnas.