EL PODER COMBINADO DEL AYUNO Y LA ORACION EN EL LIBRO DE JOEL
Mtr. ASTRID AGUILAR
El ayuno en la historia de la salvación es un acontecimiento bien común para el pueblo, lo consideraban como una forma de estar cerca de Dios, adorarlo, respetarlo, mediate la revelación de los profetas hemos aprendido que el Señor todavía espera que su pueblo ayune y ore con frecuencia. El ayuno cristiano es la abstinencia voluntaria de consumir los alimentos que el cuerpo nos pide para nutrirse. Los fines del ayuno son espirituales y van de la mano del Espíritu Santo. El ayuno es una disciplina muy incomprendida porque algunos lo usan para obtener sus propios deseos creyendo que pueden cambiar la voluntad de Dios. Todos nosotros necesitamos ayunar de acuerdo con la enseñanza bíblica y con el objetivo centrado en el Señor. La Biblia nos muestra diferentes ayunos, por ejemplo, el ayuno individual, como el que hace Jesús en el desierto (Mt 4,1-11), el ayuno parcial, como el que hizo Daniel (Dn. 1,12), el ayuno absoluto, como el que hizo Ester (Est 4,16), el ayuno congregacional, como el que está mostrado en Hechos 13,2 o en 2 Crónicas 20,3. Un distintivo del ayuno es que requiere un corazón contrito y humillado.
Esta realidad del ayuno la observaba el pueblo de Israel desde antiguo. En sus inicios el pueblo de Israel tenía un día de una fiesta especial, llamado Yom Kippur, en el cual se pedía perdón a Dios por los pecados cometidos por el pueblo (durante ese año). Era un día muy importante y se hacía ayuno (Levítico 16,29). En realidad, era el único día que había obligación de ayunar. Después a lo largo de la historia se añadieron otros días de ayuno (cuatro días en el año) como recuerdo de la caída de Jerusalén. Aunque también en algunas ocasiones personales, por ejemplo, luto, o penitencia, el israelita ayunaba. Con el paso del tiempo se fueron regulando con minuciosidad los momentos en los que se debía ayunar. Es una realidad (la del ayuno) unida sobre todo al pecado. Es un modo de expiar los pecados cometidos; es decir purificarse ante Dios, (ese era el objetivo de la fiesta del Yom Kippur. Y de aquí pasó a otros momentos en los cuales el israelita se consideraba pecador y quería pedir perdón a Dios por sus pecados.
Por eso el profeta Joel describe un ayuno, en la voluntad de Dios, porque antes de eso ha señalado que los Israelitas no ayunaban como debían hacerlo, Dios instruye, enseña, comunica e indica la forma correcta para hacerlo: “Promulgad un ayuno, llamad a concejo, reuníos, ancianos, y vosotros todos, habitantes de la tierra, en la Casa de Yahveh, vuestro Dios, y clamad a Yahveh”. Joel 1,14; el profeta Isaías nos escribe otra forma en la que Dios quiere el ayuno “Así ha de ser el ayuno que yo elija? Día de humillarse el hombre, sí, ¿pero agachando como un junco la cabeza? Y el saco; y esparcir la ceniza. ¿A eso llamáis ayuno y día grato a Yahvé? ¿No será éste el ayuno que yo elija?: deshacer los nudos de la maldad, soltar las coyundas del yugo, dejar libres a los maltratados, y arrancar todo yugo. ¿No será partir al hambriento tu pan, y a los pobres sin hogar recibir en casa? ¿Que cuando veas a un desnudo le cubras, y de tu semejante no te apartes? (cf. Isaias 58; 1-5).
El ayuno en el sentido bíblico no es tanto una práctica ascética, sino un medio para retornar a Dios y la obediencia a su voluntad. Por eso se comprende la polémica de los profetas contra un ayuno puramente formal y exterior y la invitación al verdadero ayuno, que consiste en realizar obras de justicia y de amor fraterno. A esto nos invitan los profetas: "Cuando habéis ayunado… ¿habéis ayunado de verdad por mí? Celebrad juicios justos, practicad entre vosotros el amor y la compasión. No oprimáis a la viuda, al huérfano, al forastero, o al pobre; no maquinéis malas acciones entre vosotros” (cf. Zacarias7,5.9-10).
El libro profético es breve se nos habla de ayuno oración y profecías, inicia con la palabra del señor que viene a Joel así; “Palabra de Yahvé que fue dirigida a Joel, hijo de Petuel”, (cf. Joel 1,1]) es aquí donde se comienza a ver el poder combinado de la oración y el ayuno del pueblo de Dios mediante la palabra dirigida de forma personal y directa al profeta Joel, es el encuentro personal con la divinidad que se manifiesta radicalmente en la vida de gracia, por ello el alma se transforma y adquiere una nueva revelación con Dios trino y uno que vive en el interior del profeta y de cada uno de nosotros. La gracia nos pone en contacto con Dios. La fusión no se realiza en el orden del ser; en este caso, nuestra personalidad quedaría absorbida por la de Dios. Nuestra unión con Dios es del orden intencional. el profeta Joel asegura al pueblo que por medio del arrepentimiento nuevamente recibirán las bendiciones de Dios: “Aun ahora," declara el Señor, "Volveos a mí con todo vuestro corazón, Con ayuno, llanto y lamento” Rasguen su corazón y no sus vestidos." Vuelvan ahora al Señor su Dios, Porque Él es compasivo y clemente, Lento para la ira, abundante en misericordia, Y se arrepiente de infligir el mal. (cf. Joel 2,12-13).
Consideramos que dentro del poder combinado del ayuno y la oración se deben tener en cuenta algunos aspectos: El primero es que el Señor revertiría las maldiciones impuestas sobre Judá y restauraría su bienestar, ya que Dios se vuelva celoso por su tierra y tiene compasión de su pueblo (Joel 2, 18-20). Si bien ha habido épocas en las que Judá/Israel ha prosperado desde su exilio, la restauración ha sido incompleta y los enemigos de Israel no han sido completamente derrotados, el profeta actúa como un centinela espiritual sobre Juda. La teología de la profecía es que Dios es un Dios que habla y que revela de forma única no solo sus planes, sino también su propia naturaleza a través de la palabra. El carácter de la profecía, entonces, está ligado a revelar quién es Dios. Esto nos recuerda que, con la Escritura, no estamos estudiando el contexto histórico de la época, sino que siempre estamos descubriendo quién es Dios: cómo se revela en su palabra hablada.
Un segundo aspecto por considerar en el libro de Joel es la actitud que debe tenerse al momento de hacer el ayuno, debemos prepararnos para el ayuno ya que es una oportunidad para tener un acto de abnegación o sea una renuncia voluntaria a los propios deseos, voluntad, comodidad y egoísmo por amor a Dios; el profeta Joel ha recibido la instrucción “Mas ahora - oráculo de Yahvé - volved a mí de todo corazón, con ayuno, con llantos y con duelo. Desgarrad vuestro corazón y no vuestros vestidos, volved a Yahvé, vuestro Dios, porque él es clemente y compasivo, lento a la cólera, rico en amor, y se retracta de las amenazas.” (cf. Joel 2,12-13)
El tercer aspecto del libro de Joel, cuya lectura se hace el Miércoles de Ceniza, se habla del ayuno como una invitación para el pueblo; como un modo de expiación de sus pecados: “Tocad la trompeta en Sion, promulgad un ayuno, convocad la asamblea, congregad al pueblo, purificad la comunidad, reunid a los ancianos, congregad lecho. Entre el atrio y el altar lloren los sacerdotes, ministros de Yahvé, y digan: '¡Perdona, Yahvé, a tu pueblo, y no entregues tu heredad a la deshonra y a la burla de las naciones! Que no se diga entre los pueblos: ¿Dónde está su Dios?” (cf. Joel 2, 15-17).
El ayuno tiene que llevarnos a un compromiso efectivo, ayudar a los pobres, compartir el pan con los hambrientos, no dejarnos llevarse de la ira y de la injusticia, no ambicionar (bienes, cargos, poder…). Es lo que nos dicen las Bienaventuranzas: si ayunamos es para ser pobres de corazón, personas de paz, humildes, abandonados en las manos de Dios, solidarios y cercanos con los pobres, sufriendo con los emigrantes, con los desterrados, con los que están en las cárceles, con los peregrinos, con las mujeres maltratadas, con los niños que sufren y mueren, con los enfermos abandonados, sin recursos para curarse, con los refugiados que han tenido que huir porque de su casa solo quedan escombros.
Un cuarto aspecto es “El día del señor” esta expresión del profeta Joel es utilizada para referirse a un período específico del tiempo en el que Dios interviene en los asuntos del pueblo para salvarlo y para hacer juicio. En Joel 2,28, el profeta habla del día del Señor para referirse a un evento catastrófico que sucederá en la tierra, pero generalmente la expresión significa que Dios actúa con poder e interviene en la historia del pueblo. Su intervención es majestuosa y por eso se habla de fuego, tormentas, destrucción, porque es el mismo Dios quien viene y se hace presente. Dada estas circunstancias resulta importante que el pueblo pueda “hablar con Dios” básicamente la oración que es la comunicación del alma humana con el Señor que creó el alma. La oración es la forma principal que tiene el creyente en Jesucristo para comunicar sus emociones y deseos con Dios y tener comunión con Él.
Un quinto aspecto, es cuando el profeta Joel nos habla de una intercesión sacerdotal “Entre el pórtico y el altar, Lloren los sacerdotes, ministros del señor, Y digan: "Perdona, oh, señor, a Tu pueblo, Y no entregues Tu heredad al oprobio, A la burla entre las naciones. ¿Por qué han de decir entre los pueblos: 'Dónde está su Dios? Entonces el SEÑOR se llenará de celo por Su tierra, Y tendrá piedad de Su pueblo”. (cf. Joel 2, 17-18). La oración de intercepción es la más hermosa de las oraciones y la mayor interceptora es nuestra madre María Es Dios quien nos ha invitado a buscarle a Él, a pedirle a Él (cf. Mt 7, 7). Siendo un Padre bueno está preocupado por sus hijos y quiere su felicidad. Éste es el punto de partida de la oración de intercesión. Del deseo que todos tenemos de ser felices y ser plenos buscamos a Dios para que le dé una solución a nuestros problemas y nuestras angustias.
La oración a Dios es un diálogo íntimo, sincero y de confianza que permite a las personas comunicarse con Él, elevar su alma, expresar sentimientos, necesidades, alabanzas y gratitud, el profeta Joel nos refiere los pasos para orar: iniciando con una actitud de arrepentimiento por los pecados a través del perdón a Dios, rogando misericordia en el castigo merecido y finaliza con una petición de piedad para su pueblo. La oración es la elevación del alma hacia Dios, es una mirada lanzada hacia el cielo. Otro pasaje que no podemos dejar de referirnos es la promesa de salvación a través de la invocación: Y todo aquel que invocare el nombre de Yahvé será salvo; porque en el monte de Sien y en Jerusalén habrá salvación, como Yahvé ha dicho y entre el remanente al cual el habrá llamado” (cf. Joel 2,32)
La oración es parte necesaria del ayuno, en las sagradas escrituras, el ayuno y la oración se mencionan juntos, a nuestro ayuno se le debe acompañar la oración sincera, y es necesario que comencemos y terminemos nuestro ayuno con una oración, el ayuno puede tener varios propósitos; por medio del ayuno podemos vencer debilidades o encontrar soluciones a los problemas. Algunas veces oramos y ayunamos para pedir ayuda o guía para otras personas, por ejemplo, en beneficio familiar, un enfermo o por un empleo. Nos resulta importante establecer algunos lineamientos para el ayuno y la oración en consecuencia debe hacerse: Establecer un propósito a cerca del ayuno, reconocer la necesidad de definir una razón de porque ayunamos; Oración durante el tiempo del ayuno, ya que el ayuno sin oración es vacío, debe de ir acompañado de oración constante, lectura bíblica y meditación; La actitud de humildad y expiación, ya que el ayuno simboliza un corazón humillado ante Dios. “'Mas ahora - oráculo de Yahvé - volved a mí de todo corazón, con ayuno, con llantos y con duelo.” (Cf. Joel 2, 12).
Finalmente, el capítulo 3 del libro del profeta Joel, nos presenta una imagen de Dios proclamando la reunión entre las naciones en el Valle de Josafat y las juzgará. Los eruditos señalan que no existe un lugar llamado Valle de Josafat. Es evidente que no es posible ubicar literalmente a todas las naciones en un valle físico. Pero el nombre Josafat significa "El Señor ha juzgado". Así que este es el mensaje: Dios traerá a los pueblos al valle donde Él juzga. Vemos en la historia de Israel que los resultados decisivos de las batallas se dieron en valles y que las declaraciones de juicio se dieron en valles (cf. Génesis 14,3-10; Josué 7,24-26; Josué 10,12; 1 Samuel 17,19; etc.). El lugar de las decisiones importantes y los puntos de inflexión se encuentra en los valles. Vemos esto también en Joel. Notarán que Dios también llama a este valle El Valle del Veredicto" o "El Valle de la Decisión” (cf. Joel 3,2)
En el capítulo 3;2 de Joel “Reuniré a todas las naciones, Y las haré bajar al Valle de Josafat. Y allí entraré en juicio con ellas A favor de Mi pueblo y Mi heredad, Israel, A quien ellas esparcieron entre las naciones, Y repartieron Mi tierra.” (cf. Joel 3, 1-2). El Dios de toda gracia te restaurará, te confirmará, te fortalecerá y te establecerá. Dios está juzgando al mundo y continuará juzgándolo mientras trabaja por su pueblo. El Señor es un refugio para su pueblo. Nuestra gran restauración es que Dios está con su pueblo nuevamente. Las Escrituras comienzan con la humanidad perdiendo la presencia de Dios debido a sus pecados, pero la misericordia de Dios, incluye una profecía que con frecuencia encontramos en los escritos de los profetas, donde se establece que se establecerá una gran nación; El profeta Joel, escribe a la gente de su tiempo y al futuro; enfatizando la misericordia de Dios, y su perdón que siempre está al alcance. Sin embargo, el profeta Joel nos presenta una perspectiva de arrepentimiento sincero “convertíos con todo vuestro corazón” el llamado de Dios es a cambiar el rumbo, que llevamos de nuestra vida, si ya somos Creyente, a revisar nuestra comunión con Él, y no eres creyente, a cambiar el rumbo completo de tu vida, a entregar tu vida a Él. El Señor vive con su pueblo nuevamente. Lo que necesitamos escuchar es que Dios está con nosotros ahora y entonces, cuando llegue el día final, lo veremos cara a cara, tal como es. Así que nos consolamos unos a otros y encontramos nuestra esperanza en lo que Dios ha prometido para nosotros en el futuro. Por la fe vivimos como Abraham, esperando la ciudad que tiene cimientos, cuyo diseñador y constructor es Dios (cf. Hebreos 11,10).