En este Año de la Santa Misión 2026 en Honduras, la Iglesia se ha preparado con la mirada puesta en ir a las calles para anunciar el Evangelio y atraer al hermano que está afuera a los pies de Jesucristo. En este contexto, surge una pregunta vital para todo evangelizador: ¿Cómo responder a quienes cuestionan nuestra esperanza? La respuesta reside en la apologética, entendida no como un arma de debate, sino como una herramienta de amor para el anuncio misionero. Etimológicamente, la apologética proviene del griego apología, que significa defensa. Según explica el Teólogo David Cáceres, consiste en la capacidad de presentar la fe de manera razonable y clara. No se trata de "ganar discusiones", sino de "ganar almas". Como bien señalaba San Juan Pablo II, la evangelización debe ser nueva en su ardor, métodos y expresión, lo que incluye una defensa de la fe centrada en la dignidad de la persona.
Formación.
La falta de preparación puede llevar al misionero a confundir a otros o debilitar su propio testimonio. Por ello, siguiendo el mandato de las escrituras en la Primera Carta de Pedro 3,15, nos dice “estén siempre dispuestos para dar una respuesta a quien les pida cuenta de su esperanza”. Una formación sólida permite unir la fe con la razón, recordando con Santo Tomás de Aquino que la fe no contradice la lógica, sino que la perfecciona.
Dios es amor.
Para el Predicador Oscar Osorio, la apologética en la misión es crucial ante realidades que tienden a confundir al pueblo. Establece El proceso inicia con el Kerigma: presentar a un Dios que es amor, reconocer la realidad del pecado y anunciar a Jesucristo como la solución definitiva. El actuar misionero es el equilibrio argumentos que abren la mente y amor que abre el corazón. Como decía San Francisco de Asís: "Predique el Evangelio en todo momento y, si es necesario, use palabras". En esta Santa Misión, la apologética nos invita a ser misioneros que conocen su fe, la viven con coherencia y la comunican con caridad.