La crisis hídrica que enfrenta Honduras tiene en zozobra a la población, los niveles de los embalses disminuyen cada día, los racionamientos siguen debilitando el bolsillo de la ciudadanía que debe buscar la manera para obtener el recurso hídrico que tanto se necesita en el hogar, y que decir de los apagones, que debido a la misma problemática está dificultando la generación de energía.
Esto se traduce en un problema ambiental, donde los hondureños enfrentan inseguridad alimentaria y la cifra podría aumentar si persiste la sequía y las pérdidas agrícolas. Honduras necesita pasar de la emergencia a la prevención: proteger bosques y microcuencas, cosechar agua lluvia, reparar las redes de distribución, recuperar ríos contaminados, reducir la basura y apoyar a productores afectados.
Además, la sequía impacta directamente al sector eléctrico, ya que cerca del 30 % de la energía del país proviene de centrales hidroeléctricas cuya producción depende de las lluvias.
Exhortación
Estos problemas forman parte de los desafíos que exige el cuidado de la casa común. El Papa Francisco lo expresó en la Encíclica Laudato Si’ “El acceso al agua potable y segura es un derecho humano básico, fundamental y universal, porque determina la sobrevivencia de las personas, y por lo tanto es condición para el ejercicio de los demás derechos humanos”. Sin embargo, este derecho se ve cada vez más limitado por los efectos del cambio climático, agravados por la falta de responsabilidad y conciencia humana.
En el marco de la XI Jornada Mundial de Oración por el Cuidado de la Creación, a la que se unió la Conferencia Episcopal de Honduras el 1 de septiembre, se hizo un llamado a reconocer la tierra como un don de Dios y a asumir el compromiso de proteger la casa común. El Cardenal Óscar Andrés Rodríguez destacó que este tiempo no es solo una conmemoración, sino una oportunidad para sumarse al esfuerzo de la Iglesia por el cuidado de la creación “A pesar de que los desafíos que tenemos por delante, Dios no nos deja sin los medios para sanar y para transformar”.
Sobre la crisis hídrica, el Arzobispo de Tegucigalpa insistió en la necesidad de impulsar soluciones permanentes para evitar que el problema se repita cada año “Contamos con agua, con sol y con una tierra maravillosa y fértil. Ahora nos corresponde asumir la responsabilidad de gestionar esos recursos de manera eficiente y sostenible, siempre pensando en el bien común y en el bienestar de todos”.
Realidad
José Chacón, director de la Federación Nacional de Agricultores y Ganaderos de Honduras (Fenagh), advirtió que la pérdida de cultivos amenaza la seguridad alimentaria y la producción futura. Añadió que la ganadería también afronta graves consecuencias por la falta de lluvias, que impide la recuperación de los pastos.
El agua, además de ser un recurso limitado, es fundamental para la generación de energía limpia. Por ello, su uso responsable y la protección de los ecosistemas son esenciales para garantizar el bienestar de las generaciones presentes y futuras. Un especialista en temas energéticos señaló que “La sequía evidencia la estrecha relación entre el cuidado del medio ambiente, la gestión sostenible de los recursos naturales y la seguridad energética del país. Si los embalses continúan disminuyendo y no se recuperan con nuevas lluvias, la capacidad de generación seguirá reduciéndose, obligando a depender más de fuentes térmicas más costosas y contaminantes”.