El 2026 fue declarado el Año de la Gran Misión en todo el país, es maravilloso ver como familias completas se están dando a los demás, siendo luz en el camino, involucrándose en la comunidad, defendiendo la justicia y la casa común, todo reconociendo que el amor familiar es un reflejo del amor de Dios. Con esta actitud todas las familias que marcha unida no solo llegarán más lejos, sino que transformará el camino de quienes se cruzan con ellas.
Misión
Con la obligación cristiana de hacer crecer ese amor, la familia tiene la misión de no quedarse encerrada porque se paraliza y estanca; por el contrario, al amor que se comparte se multiplica con efectos maravillosos, y eso significa convertirse en Misión: pasa del “Nosotros” al “Todos”, para ser célula de servicio.
Caminar en familia nos invita a ver el sentido del calor del hogar no solo como un refugio aislado e impenetrable, sino como un punto de partida. Como buenos cristianos no se trata solo de estar unidos en casa, sino de movernos juntos hacia un propósito mayor, tal como lo expresa el libro sagrado en Josué 24, 15.
Visión
Es necesario razonar que no se trata de caminar en círculos. Una familia con visión sabe hacia dónde se dirige (valores, fe, metas comunes, trabajo en equipo, defensa de la casa común). Viendo la vida familiar como un proceso o petición sagrada, no es estática ni mucho menos alejada de peligros; es un camino con baches amarguras, colinas, pero también con muchos paisajes hermosos.
Para que el amor se convierta en “Misión” primero debe ser real en lo normal y cotidiano. Amor en lo pequeño: el perdón tras una discusión, la escucha activa y el apoyo en los días difíciles.