En el IV Domingo del tiempo litúrgico de Pascua se exalta e identifica a Jesús como el “Buen Pastor” en el Evangelio de Juan (10,11), simbolizando su cuidado amoroso, protección y sacrificio por la humanidad. Él, da su vida por sus ovejas, conoce íntimamente a cada seguidor y los guía hacia la salvación, demostrando amor, ternura y sacrificio; conociéndolas y amándolas individualmente.
Esta celebración que coincide con el llamado a una Iglesia misionera, "en salida" hacia las periferias y a unirse a rezar por las por las vocaciones" es una invitación central en la Iglesia para pedir a Dios que suscite hombres y mujeres dispuestos a servir en la vida consagrada, el sacerdocio, el diaconado, así como para fortalecer la vocación al matrimonio.
La LXIII Jornada Mundial de Oración por las Vocaciones a celebrarse el 26 de abril 2026, bajo el lema “El descubrimiento interior del don de Dios”, también se nos exhorta a orar por la vocación a constituir una familia, seno de donde salen todas las vocaciones.
Dios mismo necesitó una familia para cumplir su misión redentora. En la Iglesia, hay sacerdotes, diáconos, religiosos y religiosas, porque en su familia se les nutrió de la leche buena de la Palabra de Dios y del testimonio amoroso de sus padres, quienes con su ejemplo de vida los condujeron por el camino de la fe católica.
¡La mies es mucha y los obreros son pocos! El Señor Jesús necesita más obreros del Evangelio que se entreguen plenamente al servicio del pueblo para que el Evangelio llegue a todos y que las ovejas puedan ser conducidas a verdes praderas y alimentarse del pasto de la palabra de Dios y puedan acceder a la gracia santificante de los sacramentos, sobre todo a la eucaristía, por medio de los ministros ordenados.
El Papa León XIV nos da en su mensaje las características del Pastor por el que debemos rezar: “Jesús se define literalmente como el “pastor bello” (Jn 10,11). La expresión hace referencia a un pastor perfecto, auténtico, ejemplar, en cuanto está dispuesto a dar la vida por sus ovejas, manifestando de ese modo el amor de Dios,” invitando a los jóvenes a experiencias concretas de misión y servicio para que el discernimiento vocacional sea una experiencia de un Dios vivo. Es deber de cada católico convertirse en misionero, llevando la luz de la Palabra y la fuerza de la presencia de Jesús en el mundo actual.
El Papa insiste: “Queridos jóvenes, ¡escuchen esa voz! Escuchen la voz del Señor que los invita a vivir una vida plena, realizada, haciendo fructificar los propios talentos (cf. Mt 25,14-30) y clavando en la cruz gloriosa de Cristo los propios límites y debilidades. Dediquen tiempo a la adoración eucarística, mediten asiduamente la Palabra de Dios para vivirla cada día, participen activa y plenamente en la vida sacramental y eclesial. De este modo, conocerán al Señor y en la intimidad propia de la amistad, descubrirán cómo entregarse a los demás, en el camino del matrimonio, del sacerdocio, del diaconado permanente, en la vida consagrada o seglar: toda vocación es un don inmenso para la Iglesia y para quien la acoge con alegría”.