"Pues todo el que invoque el nombre del Señor se salvará. Pero ¿Cómo invocarán a aquel en quien no han creído? ¿Cómo creerán en aquel a quien no han oído? ¿Cómo oirán sin que se les predique? Y ¿predicarán si no son enviados? Como dice la Escritura: ¡Cuan hermosos son los pies de los que anuncian el bien!” (Romanos 10, 13 – 15)
Esta es una finalidad de la Missio Ad gentes. Ir por todo el mundo, especialmente donde la Buena Nueva de Jesucristo es desconocida o poco conocida. Proclamar el Evangelio por todas partes y a todas las mujeres y los hombres, es la urgencia de esta misión.
“La cuestión central es: poner a las personas en contacto con Cristo, darlo a conocer y a amar, especialmente allí donde esa posibilidad es escasa. Por tanto, la pregunta que debemos hacernos es: ¿Cómo evaluar nuestro trabajo misionero cotidiano? ¿Cuál es la calidad del anuncio que proponemos? O, más fundamental aún: ¿Hay realmente anuncio en nuestra labor misionera? ¿Hay evangelio? Ciertamente se podría responder: “Todo es Evangelio, todo sirve a la misión, todo contribuye”. Pero ¿estamos realmente seguros de ello? Seamos honestos.” (Cardenal Giorgio Marengo, “Susurrar el evangelio más allá de toda frontera y barrera”, 4 octubre 2025)
Continúa reflexionando el Cardenal Marengo, prefecto apostólico de Ulá Bator, Capital de Mongolia: “Da la impresión de que, incluso en una situación auténticamente ad gentes, una vez instalados, cuando hemos encontrado nuestro lugar, nuestro “escritorio” desde el cual sentimos que somos alguien, terminamos entrando en una dinámica que nos lleva a actuar como misioneros o misioneras, cumpliendo con toda una serie de “cosas que hacer”, pero a veces sin esa profundidad, sin esa intencionalidad que marcan la verdadera diferencia. En realidad, evangelizar es algo mucho más profundo y, aun más, infinitamente más hermoso. Es vivir nuestra relación personal con Cristo a un nivel tan vital que se derrame en nuestra vida cotidiana, sea cual sea. Por ello, nuestras experiencias pueden ser muy diversas, pueden incluso cambiar, siempre que, en el fondo, dentro de nosotros, exista esa relación viva con Cristo, único Sumo Sacerdote, único y verdadero Pastor, Hermano Universal. Si falta esta dimensión, somos verdaderamente dignos de compasión. ¡Qué vida tan miserable, sin ese fuego!”
Buen tiempo cuaresmal para autoevaluarnos en nuestra relación personal con Jesús. ¿Qué tanto palpita su amor en nuestro corazón? ¿Con qué necesidades hablo de lo que Dios hizo y hace en mi vida a diario? Por eso, el Papa León XIV nos invita a que afinemos los oídos del alma para escuchar las obras divinas en nuestra vida.
Y es que junto con todos los preparativos necesarios para la Santa Misión que emprenderán todas las parroquias de nuestro país. Es de suma importancia que nuestro corazón arde del Amor del Señor y queramos anunciarlo, para salir al encuentro del más alejado. ¡Que el Espíritu Santo nos convierta cada día en una relación íntima con Dios! aquí...