Para nadie es un secreto y no pretendo que lo sea, que yo tengo una particular devoción por nuestro muy querido y recordado papa Francisco. Reconozco, no sólo como hijo de la Iglesia y sacerdote, la inmensa bendición que ha representado para nuestra iglesia en las circunstancias actuales que el sucesor del Papa Francisco haya sido el papa León XIV. Su experiencia, su carácter y su determinación nos está haciendo un grandísimo bien. Sin embargo, no puedo negar que me hace falta el Papa Francisco.
Poco a poco, con el paso de los días vamos descubriendo todos los frentes de lucha con los que tuvo que enfrentarse el Papa Francisco y, además, como supo mantener inalterada la resolución de jamás doblegarse ante ningún poder político, económico e incluso religioso.
Cada vídeo que he observado en estos días con lo que está pasando con la guerra en Irán, me recuerda la advertencia que nos hizo en su momento al hacernos ver que realmente la tercera guerra mundial ya ha comenzado sólo que, se está viviendo por etapas.
Antonio Pelayo, que en algún momento he seguido en Vida Nueva, le preguntó en una ocasión al Papa Francisco por la situación de la guerra en Ucrania. Aquí les comparto lo que le contestó para que vean lo que había en el corazón del Papa: “Después me gustaría quejarme, aprovechando esta pregunta: en un siglo, ¡tres guerras mundiales! La de 1914-1918, la de 1939-1945, ¡y ésta! Esta es una guerra mundial, porque es cierto que cuando los imperios, tanto de un lado como del otro, se debilitan, necesitan hacer una guerra para sentirse fuertes y también para vender armas ¿eh?”
Lo que estamos viviendo no es una guerra más y mucho menos es algo que podemos ver como un juego de video sólo porque el conflicto está, en su parte dramática, a miles de kilómetros.
Les invito a leer detenidamente lo que el Papa Francisco nos dijo en octubre de 2021: “Es la guerra la que se burla de la vida humana. Es la violencia, es el trágico y cada vez más prolífico comercio de las armas, el que se mueve a menudo en las sombras, alimentado de ríos subterráneos de dinero. Quiero reafirmar que «la guerra es un fracaso de la política y de la humanidad, una claudicación vergonzosa, una derrota frente a las fuerzas del mal»”.
No podemos quedarnos de brazos cruzados frente a todo esto que está pasando. Nuestra principal arma es la oración y yo les ruego que no dejemos de elevar nuestras oraciones rogando al Buen Dios que nos conceda el saber vernos como hermanos.
Quiero terminar mi reflexión con unas palabras del Papa León XIV, sobre la paz: “Encomiendo a la Reina de la paz este sentido llamamiento para que sea Ella quien se lo presente al Señor Jesús para obtener el milagro de la paz”.