279 años han pasado desde el día que los campesinos Alejandro Colindres y el joven Lorenzo Martínez la encontraron en la quebrada del Piligüín, cerca de Tegucigalpa, mientras regresaban a casa. Colindres no podía dormir por un objeto que le molestaba al poner su cabeza sobre una rustica almohada. Al día siguiente descubrió que, era una pequeña imagen morena con rasgos indígenas, de la Virgen María hecha en una pieza de cedro, a quien desde ese día se le conoció como la Virgen de Suyapa, devoción que se convirtió rápidamente en un pilar de la identidad y fe hondureña al ser venerada por millones de hondureños como símbolo de fe, esperanza y unidad nacional.
Cada año, especialmente en su festividad del 3 de febrero en la Basílica de Suyapa, en la ciudad de Tegucigalpa, capital de Honduras, se lleva a cabo un evento religioso de gran fervor cuya devoción crece anualmente, concentrando a miles de fieles que llegan a agradecer milagros recibidos y a pedir por la paz del país, fortaleciendo la identidad nacional a través de su intercesión maternal.
La Virgen de Suyapa fue declarada Patrona de Honduras por el Papa Pío XI en 1925, convirtiéndose en un pilar espiritual para el pueblo, especialmente para los más humildes y necesitados, su diminuta imagen y su piel morena representa el amor de Dios, la fe inquebrantable y la protección maternal, siendo un faro de esperanza para la nación y un símbolo de unión.
Ella, mediación escogida para la encarnación, también ha sido mediadora para la encarnación del Evangelio en el corazón y la cultura de los pueblos de Latinoamérica en general y en particular en Honduras y su presencia ha facilitado la aceptación y acogida de su Hijo en una sociedad y realidad que ha abandonado la doctrina católica. Las manifestaciones de María, en siglos pasados eran eventos cuyos protagonistas eran generalmente miembros de grupos sociales desfavorecidos: esclavos, niños, indígenas, mestizos y mulatos, analfabetos e incluso ignorantes respecto a las doctrinas de la Iglesia, aquellos a quienes la sociedad no solía ver ni considerar, pero que María, al escogerlos, les mostraba que habían sido vistos y reconocidos.
Así, señala el Documento de Santo Domingo (1992), “su figura maternal fue decisiva para que los hombres y mujeres de América Latina se reconocieran en su dignidad de hijos de Dios”[6], y como se señala en el Documento de Aparecida (2007), “ha contribuido a hacernos más conscientes de nuestra común condición de hijos de Dios y de nuestra común dignidad ante sus ojos, no obstante las diferencias sociales, étnicas o de cualquier otro tipo”[7].De ahí que la Virgen de Suyapa no solo es un símbolo de fe, sino también se le percibe como una protectora familiar, ejemplo de esperanza, inspirando la fortaleza de las mujeres en nuestro país en la lucha diaria, ante las dificultades económicas o sociales, representando una luz y un refugio para las madres y trabajadoras, quienes buscan en ella la fuerza, entereza, firmeza, resistencia y el vigor para sacar adelante a sus familias, en una sociedad en la cual la violencia contra ellas deterioran su salud física, mental y su funcionamiento social, porque ¡donde María esta renace la paz!