El Concilio Ecuménico Vaticano II -siendo el concilio 21 de nuestra Iglesia- fue convocado el 25 de enero de 1959 por el Papa San Juan XXIII; y su última sesión fue en diciembre 1965 con el Papa San Pablo VI. El mayor evento eclesial de la época moderna cumplió sesenta (60) años de haber acontecido; y todavía es desconocido su contenido y sus enseñanzas por la mayoría de los católicos de nuestro tiempo.
Debido a este ausente o poco estudiado bagaje doctrinal es que el Papa León XIV ha iniciado desde enero 2026 un ciclo de catequesis en la audiencia papal de los miércoles. Expresó el Papa León al final de la primera audiencia: “Podemos interrogarnos sobre el presente y renovar la alegría de correr al encuentro del mundo para llevarle el Evangelio del reino de Dios, un reino de amor, justicia y paz” (audiencia general, 7 de enero de 2026)
“León XIV parece sugerir, pues, que el propósito principal del Vaticano II es precisamente relanzar la proclamación del Evangelio, comprometiéndose a escuchar y dialogar con el mundo contemporáneo… Una nota “misionera”, por tanto, que ayuda al debate sobre la recepción del Vaticano II a evitar caer en breves interpretaciones que podrían limitarlo a una discusión actualmente improductiva, por ser fin en sí misma. La proyección de la evangelización como horizonte hermenéutico puede, en cambio, contribuir a fomentar una recepción creativa y fiel, evitando el estancamiento de oposiciones superficiales con un tono predominantemente ideológico.” (P. Armando Nugnes, Rector del Pontificio Colegio Urbano “de Propaganda Fide” de Roma, Atraídos por la Luz de Cristo, León XIV y la hermenéutica misionera del Vaticano II)
La hermenéutica -palabra de origen griego- es el arte de explicar, declarar, interpretar y explicar textos, especialmente los sagrados. Por eso, nos hace hincapié el P. Nungnes que el Santo Padre nos lleva a una visión misionera de los documentos conciliares para hacer del diálogo del Evangelio con el mundo, una fuente de múltiples experiencias de compartir, de enseñar, de aprender y de encontrarse con Jesús.
Continua el P. Nungnes: “Volver a centrarse en Cristo es la primera respuesta a toda tentación de autorreferencialidad… Gracias a la relectura del Papa León XIV, la orientación misionera de todo el magisterio conciliar emerge con mayor claridad. Como ya han enfatizado muchos, sería extremadamente reductivo equiparar la atención a la evangelización únicamente con el Decreto Ad Gentes. Desde las primeras líneas de la Lumen Gentium, emerge la preocupación misionera que guio a la asamblea conciliar al presentar el misterio de la Iglesia a la luz del misterio de Cristo, de hecho, a la luz que es el misterio de Cristo. Volver a centrarse en Cristo y proyectarse en la proclamación del kerygma no son en absoluto dos movimientos opuestos, ni siquiera dos polaridades en tensión. Es precisamente el enfoque en Cristo como centro de la vida de la Iglesia lo que requiere, como requisito interno, un movimiento de continuo “éxodo” para la proclamación del Evangelio a todos.