Ante la tormenta constante que nos rodea, buscar la calma, es un camino difícil, pero se ha convertido en una necesidad urgente. Sin paz no podemos enfrentar juntos los problemas del mundo. La paz es sentir en nuestro día a día la seguridad, la dignidad, las oportunidades y la solidaridad.
Recordemos que la paz no se construye solo en las salas de conferencias, la moldean todas las personas, en todas partes y todos los días. La paz se edifica a través de las acciones de cada día, como una palabra amable, prestar total atención a la otra persona, la inclusión y resolver pacíficamente diferencias en el hogar.
Los grandes acuerdos de paz en el mundo dependen de cómo cultivamos la tolerancia y los valores de cooperación en nuestra propia mentalidad. Todo el mundo, desde cualquier lugar, puede aportar su granito de arena por la paz, dedicando su tiempo libre a ayudar a otras personas. Alzar la voz para impulsar un cambio positivo. Organizar un Círculo de Paz, una conversación dirigida por jóvenes, sobre posibles soluciones.
Nosotros podemos fomentar la paz, apoyando causas solidarias, que ayuden a reducir la desigualdad social.
En este mes de septiembre, el Papa León XIV, ha insistido en que la paz debe cultivarse desde el corazón de cada persona: "Renovemos nuestro compromiso con la paz", “Que el Señor conceda al mundo el don de la paz”. Pidió, e invitó a los creyentes a acompañar ese deseo con oración y acciones concretas de reconciliación.